Cuando enfrentamos situaciones especialmente complejas que requieren aplicar el buen sentido cuya ausencia condujo en buena medida a ellas; cuando debemos, sin renunciar a lo que es justo y debido, aplazar acciones que pueden aumentar todavía la emoción en detrimento de la razón; cuando nos damos cuenta de que, por desmemoriados, hemos aceptado una y otra vez lo inaceptable y es preciso ahora corregir serena y firmemente las tendencias presentes; cuando, por haber cometido delito de silencio, somos conscientes de que nada es inexorable si se tiene el coraje de corregir a tiempo… puede ayudar leer este poema que escribí en Madrid, el 23 de abril de 1999:
“Deber de memoria
de quienes dieron su vida
por la paz
que hoy disfruto.
De quienes fueron
amordazados
de la voz que
ahora elevo.
De quienes estuvieron
en prisión
y torturados
por la libertad
que hoy vivo
y me da vida…”
Deber de memoria para saber lo que aconteció y para saber, en este instante, actuar con determinación antes de que sea demasiado tarde.

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