Yo vivo en una isla de precariedad dentro del gran Chamartín, vivo en Manoteras. A dos paradas de bus, estoy en Arturo Soria. Es curioso estas últimas semanas observar el gran contraste entre la gran cantidad de banderitas (“banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda…”) que asoman por los balcones o ventanas de los bloques de Arturo Soria y las escasas banderitas en mi zona, Manoteras, donde viven muchos inmigrantes, pero el 60% son españoles. Da que pensar que los ricos se identifican más con la insignia nacional que los menos ricos o pobres directamente como es mi caso, y lo cierto es que este razonamiento tiene una lógica aplastante: el pobre o el cuasi pobre no puede identificarse con el país que le tiene postrado en esa situación. Es como ocurre mayoritariamente con el tema de la creencia en dios: los pobres, por mucho que les digan que su reino está reservado en los cielos, no pueden entender que haya un dios tan despiadado con su situación, como no pueden entender que muchos ricos, de los de misa diaria, roben a la ciudadanía en manada mafiosa y se persignen, no pueden entender que haya un dios tan arbitrario y falso. Los sicilianos también son muy creyentes.

Pero volviendo al tema de la condena del franquismo por parte del PP, yo suelo coger el bus continuamente y suelo estar atento a las conversaciones de la gente cuando me interesan. Como tengo que compartir autobús con los ricos, a veces oigo conversaciones que a algunos les puede llevar las manos a la cabeza: un día escuché la conversación entre dos ancianos sobre el conflicto catalán: “En otros tiempos mandaríamos a los requetés y solucionado el tema”, “es necesario un gobierno con mano dura”, se decían el uno al otro. El día de la manifestación españolista en Colón (y blanca en Cibeles), el barrio colindante al mío era todo sangre y fuego, que son los colores nacionales, también de Catalunya. Cuando me metí en el autobús, ¡se oía cada cosa! En la parada de uno de los buses que cojo para ir al centro, se me ocurrió preguntar a uno de los matrimonios rojigualdas que iba a Colón por qué no se movilizaron cuando España estaba siendo saqueada, y enseguida, el macho me espetó: “saqueo, lo que se llevaron los rojos, el oro de Moscú”, “tú que eres de los de Iglesias, comunista”. Yo continué con mi razonamiento: “En Canadá, en el Reino Unido, ha habido referéndum pactado, y salió que no, por qué los españoles no podemos hacer lo mismo”; el macho me espetó: “Esto es España, es otra cosa”. Yo le dije: “antes o después se hará un referéndum en toda regla, con todas las garantías, y saldrá NO”. El macho me respondió: “yo no lo veré”. Al final se despidió de mí con otra de “tú eres de los de Iglesias, comunista”, y yo me despedí diciéndole, “ni soy de Podemos, ni soy comunista, si Vd. supiera la que tengo con un ayuntamiento de Madrid que me está negando todo”. Esto ha desembocado en “conmigo o contra mí”, no hay matices, o blanco o negro.

Pues lo que quiero decir es lo que muchos debiéramos saber ya: la extrema derecha en España está integrada plenamente en el PP, y no son cuatro. Todavía hay millones de españoles a los que les es difícil hablar en contra de la dictadura, incluso oír a los demás hacerlo. Todavía hay millones de españoles a los que la figura de Franco les impone, no son cuatro, son millones los españoles a los que les cuesta entender cómo los rojos andan sueltos por las calles o cómo no fusilan a Puigdemont como hicieron con Companys. Todavía hay millones de españoles que no comulgan con el sistema autonómico, menos con el derecho de autodeterminación. Todavía hay millones de españoles que internamente pedían la entrada del ejército en Catalunya. ¿Qué ha fallado para que el sistema democrático no haya logrado cambiar la mentalidad de estos millones de ciudadanos de ideología ultraderechista?

Por eso el PP, que para gobernar necesita de esta ultraderecha, concede la no condena del franquismo, como concede muchos ideales y actitudes que debieran ser liberales y desprenden un tufillo fascista, pues si se monta un partido fascista a gran escala, esos millones votarían a la ultraderecha, como ocurre en media Europa. Y lo curioso del caso es que mucha gente en España piensa que “nuestra patria” está liberada de la influencia de la ultraderecha: falso.

De otro lado, el franquismo dejó posos en los modos y actitudes de muchos españoles, en la idiosincrasia española que ya de por sí históricamente ha sido intolerante, reacia al cambio, a la evolución, y muchos de los que se piensan socialmente progres, evolutivos, modernos, basta que les profundices un poco en sus modos, para demostrar que no lo son tanto.

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