Cerramos un año 2017 terrible en cuanto a la violencia de género. Mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas, niños y niñas, mujeres agredidas sexualmente, acosadas, atemorizadas, violadas… Una sinrazón cuya única causa es el machismo, la desigualdad de género. Empezamos un 2018 con noticias de secuestros de hijos por (ex) maltratadores; apuñalamientos y más agresiones. La localización e identificación del cuerpo de Diana Quer y la detención de su asesino confeso durante el tránsito entre uno y otro año nos recuerda, además, que la Ley de Violencia de Género sigue sin recoger estos sucesos como violencia machista, dando solo cabida a los casos de parejas o ex parejas, aunque el Observatorio contra la violencia de Doméstica y de Género, donde se integra el Consejo General del Poder Judicial, apunta claramente en la línea de la equiparación. Una historia ya antigua que la política no ha sabido o no ha querido resolver introduciendo una modificación en la Ley Orgánica Integral contra la Violencia de Género que acabe con tamaña contradicción: cualquier violencia ejercida sobre la mujer se debe al mero hecho de ser mujer, sin que para ello deba distinguirse la relación con el agresor. Nos recuerda también, como sucedía en el caso de la violación de La Manada, que las mujeres seguimos siendo víctimas de prejuicios machistas en relación con nuestros comportamientos y nuestra forma de relacionarnos.

En estos primeros días del año, en Castilla-La Mancha donde se está tramitando una Ley por una Sociedad Libre de violencia de género que regula, entre otras cuestiones, la existencia de una nueva asignatura de Educación para la igualdad, la tolerancia y la diversidad, ya hemos asistido a las primeras polémicas con la institución eclesiástica. Recientemente, el Arzobispado de Toledo se hacía eco de las quejas de una plataforma católica en contra de la mencionada asignatura, que si bien se ha puesto en marcha en algunos centros de la región de manera precipitada y cuestionable, unos y otros sólo se preocupaban del “adoctrinamiento“, al considerar la materia como “ideología de género” (¿¡!?) que el alumnado “debe aceptar y hacer suyo” a pesar de que pueda entrar en “abierto conflicto con la educación moral que los padres desean para sus hijos”. Y todo ello a pesar de que los últimos días del año, el propio Arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, asumiera, en relación a uno de los últimos asesinatos machistas sucedidos en el país, el de la población castellanomanchega de Azuqueca de Henares, que “la dimensión sexual de la persona es una realidad que se puede educar” y apelara a la misma en el marco del Pacto de Estado contra la violencia de género. Claro que, cuando achacas la violencia de género a la “inmadurez sexual” del hombre agresor, como es el caso del señor Arzobispo, cualquier cosa te puede parecer “ideología de género”. Yo todavía estoy por que alguien me explique qué significa eso. En todo caso, es un ejemplo claro, como también lo es el Pacto contra la violencia de género y la congelación de su presupuesto, de que seguimos viendo la punta del iceberg del problema y no entramos a trabajar las causas del mismo.

En este marco de reflexión, me pregunto cuántos hemos hecho los deberes durante las pasadas navidades. Cuánta gente, padres y madres; instituciones, educadores; cuántos medios, cuántos fabricantes, cuántos publicistas, cuántos directores y productores de películas, series, programas, anuncios…, habrán utilizado la oportunidad de educar a niños y niñas de su entorno en una sociedad libre de sexismo y de roles machistas. Una oportunidad cuyo pilar básico es la educación, la sensibilización y la prevención. El relato que transmitimos a nuestras hijas e hijos es fundamental. Y este pasa por cuestionarnos el papel de la mujer en las tradiciones y cómo esas tradiciones deberían modernizarse. Y también pasa por elegir bien los juguetes que se regalan a los más peques de la casa.

Los juguetes son los principales instrumentos de aprendizaje y socialización durante la infancia. Son herramientas con las que experimentamos, exploramos, aprendemos, socializamos y creamos; potencian la imaginación y transmiten valores. Cuando son sexistas, los juguetes reproducen el estereotipo de una sociedad patriarcal, machista, en la que las mujeres limpian y cuidan de los bebés limitando su potencial para abarcar otras tareas mientras que los hombres construyen, inventan y crean, en un mundo ajeno a las tareas del hogar. Una distinción que niega a las niñas el razonamiento tecnológico, que las aleja de juegos interactivos o relacionados con la ciencia y el razonamiento, coartando su libertad y condicionando sus gustos e intereses mientras a los chicos les coarta su desarrollo afectivo y emocional.

Es importante que al elegir un juguete, lo hagamos de forma consciente y no guiándonos por etiquetas y estereotipos. Planteando diferencias por géneros, imponiendo y manteniendo la desigualdad en el reparto de funciones según el sexo, proyectando una visión sexista de la sociedad mediante la utilización de valores y estereotipos según el sexo-género de los personajes representados continuamos construyendo desigualdades. En sus primeros años niños y niñas están libres de estereotipos de género, empiezan a fabricarlos y debemos ser cuidadosos de mantener alejada la posibilidad de división. El objetivo final ha de ser garantizar que unos y otras disfruten y aprendan sin límites marcados por los convencionalismos sexistas, a fin de convertirse en ciudadanas y ciudadanos libres, igualitarios y felices.

Queridos Reyes Magos:

Este año no ha podido ser, pero en las próximas navidades quiero pediros un cohete espacial porque me he propuesto visitar la luna, pero mis padres están empeñados en que es una “tontería” y que tengo que pediros algo “de chicas”, ¿de chicas? Quería preguntaros si vosotros sabéis por qué un cohete no es un juego para chicas, ¿es que las chicas no podemos conducir?, ¿no podemos investigar? ¿ser aventureras? ¿no podemos volar? ¿Por qué una niña no puede montar en un triciclo azul? ¿Por qué un niño es señalado si su bici es rosa? ¿Es que en Oriente no hay Reinas? Por favor, hablad con ellas, quizás ellas entiendan mejor mi problema y me puedan traer regalos que me gusten más.

Publicado en Diario16.com

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