El pasado 1 de abril arrancó la gestión pública del Hospital de Alzira, revertiendo un modelo de gestión indirecta de sus servicios sanitarios para depender directamente de la Consellería de Sanidad de la Generalitat Valenciana. Una buena noticia para quienes llevamos muchos años denunciando la aplicación de una fórmula perversa que destroza el carácter público de nuestro sistema sanitario.

La privatización de Alzira fue icono de un modelo de gestión hospitalaria que supuso un vuelco en la forma de dirigir centros sanitarios públicos y que sirvió para que en muchas comunidades autónomas gobernadas por el PP, y sobre todo en Madrid, se impusiera como fórmula. Una manera de administrar alejada de lo público y bajo el perverso argumento de la supuesta insostenibilidad del sistema. Generó, sin embargo, y hoy la realidad es palpable en datos y experiencias personales, un modelo mucho peor, ineficiente, ineficaz e insostenible.

¿Es posible que el ejemplo de Alzira se acometa a todos los niveles sanitarios? ¿Su reversión en la gestión es el principio del fin de un modelo sanitario agotado, que empobrece más el sistema y lo aleja de lo público?

Alzira nos ha recordado la política sanitaria devastadora del PP en Madrid. Basándose en una estrategia privatizadora, el PP convirtió el derecho a la Salud en un negocio para empresas privadas que no en pocos casos ni siquiera tienen que ver nada con la sanidad. Un modelo de privatización que no solo se aplicó a la gestión hospitalaria, alcanzó a los centros de salud, los de especialidades, de rehabilitación en salud mental, etc. Se atrevieron con todo emitiendo falsas promesas de mejoría de un sistema público de salud que hoy está peor que nunca.

Los recursos han ido mermando paulatinamente en la Atención Primaria y en la Especializada. Las listas de espera de pruebas diagnósticas y de operaciones quirúrgicas están en cifras récord. El eufemismo se convierte en tragedia porque todo es hoy más insostenible.

Tampoco se ha librado la gestión del personal público. La formación médica y sanitaria, con la profusión de centros privados y la utilización de lo público para prácticas y formación continuada, se ha ido abandonando en manos de las multinacionales farmacéuticas. El modelo de gestión clínica también es ejemplo de esta privatización.

Pero cuando hablamos de revertir, no nos referimos al objetivo final, es solo el comienzo. Es imprescindible y urgente cambiar un modelo de asistencia sanitaria por un sistema de salud, recuperando la Atención primaria y la Salud Mental y Laboral, reorientándolo hacia la promoción de salud pública, la prevención y la atención a enfermos crónicos y socio sanitaria en base a un plan de salud en todas las políticas y sus determinantes sociales. También en gasto farmacéutico y tecnología es preciso avanzar en genéricos, biosimilares, centralización de compras y una agencia de evaluación que evite el despilfarro de entre un 20 y un 30% del gasto sanitario y las complicaciones de su sobreutilización, que llevan incluso al incremento de un 10% del ingreso hospitalario.

Hoy la senda de recuperación económica no se está traduciendo en la puesta en marcha de medidas que impulsen nuestros servicios sociales en general ni la Sanidad en particular. Y eso es parte de la voluntad política del PP: su proyecto sigue siendo la privatización de servicios públicos independientemente de su accesibilidad universal, calidad…

En Sanidad, la parálisis es alarmante. Parálisis que en realidad supone la continuación del retroceso. De facto, continúan unos recortes y un austericidio que han sido especialmente duros con la Atención Primaria, la Salud Pública y la Salud Mental, que ya partían de una situación de absoluta debilidad.

¿Quién está planteando una alternativa frente a las grandes empresas privadas de la farmacia y la tecnología que siguen condicionando el interés público, los empleados sanitarios o las entidades de defensa de la sanidad? ¿Por qué no es la primera prioridad política trabajar por presentar una estrategia sobre los retos del sistema, la gestión pública, su dirección y la gestión participativa? ¿Qué hay de la necesidad de implementar programas de gestión sociosanitaria ante el elevado envejecimiento de la población? ¿Y los modelos de relación de equipos, pacientes y la comunidad? Estamos ante una necesidad imperiosa de abordar cambios profundos en defensa de nuestro sistema sanitario. Para todo ello, la participación de la ciudadanía y del conjunto de profesionales es requisito indispensable.

El objetivo de revertir las privatizaciones es cambiar en salud. Reversión y cambio podrían parecer términos contradictorios, pero son los que debemos combinar para garantizar el futuro de la sanidad y la salud pública de los madrileños. Se hace mirando hacia atrás para recuperar lo público que ha sido privatizado y mirar hacia adelante para transformar la asistencia sanitaria hospitalaria en una atención integral que tenga en cuenta los determinantes sociales, de género y ambientales.

Es evidente que esto se hace con recursos, los recursos que se obtendrían a través de un sistema fiscal justo y progresivo que está siendo desmontado por los sucesivos gobiernos de la derecha (como en el caso del impuesto de Sucesiones, donde se expresan las mayores desigualdades en patrimonio).

Pongámonos a trabajar en ello sin más dilación.

Gaspar Llamazares y Rubén Bejarano, promotores de Actúa.

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