Anacrónico es no apoyar plenamente las políticas de igualdad salarial, laboral y social hoy en día. Lamentable es que esta actitud proceda del presidente del Gobierno.

En la entrevista en Onda Cero del pasado miércoles 24 de enero, Mariano Rajoy dejó meridianamente clara su postura respecto a la vergonzosa brecha salarial que existe en España por motivos de género, además de afirmar, falazmente, que el Estado carece de competencias para fijar un salario mínimo, o cuanto menos, adecuado para el sector privado. Y digo meridianamente porque estas desafortunadas declaraciones no hacen más que reafirmar lo que ya sabíamos por la exangüe actividad parlamentaria al respecto.

Sr. Rajoy, usted afirma en la ya mencionada entrevista que tenemos que dar pasos en la buena dirección, y déjeme decirle que tiene usted razón. La buena dirección es la que ha seguido recientemente Islandia, por ejemplo. Desde el pasado 1 de enero es ilegal pagar menos a una mujer que a un hombre por el mismo trabajo. Esa es la forma adecuada de abordar el problema de la igualdad de género, o, mejor dicho, el problema de la desigualdad de género, pues la igualdad no es ningún problema. No basta con declaraciones amables con evidentes fines electorales ni con recomendaciones o instrucciones no vinculantes, es necesaria una acción real y contundente que no alargue más el problema. En este sentido ha intentado actuar la nueva edición del Foro Económico Mundial celebrado en estas fechas, dirigido en esta ocasión por mujeres para concienciar acerca de la desigualdad de género, un acto que no acaba de tapar la realidad observable entre sus asistentes: solo el 21% son mujeres.

La buena dirección para solucionar la incipiente pobreza que afecta a más de 1.000.000. hogares españoles no pasa por un salario mínimo que a duras penas les permite pagar únicamente el alquiler. Un salario mínimo que, comparado con el de otros países que a menudo nos sirven de referencia en el día a día, se perfila como la consecuencia de la poca importancia que adquieren los asuntos sociales en el presupuesto y en el ideario del gobierno.

Tanto la brecha salarial por motivos de género como la falta de políticas sociales contundentes para paliar la pobreza que sufren muchos conciudadanos son problemas muy serios que requieren un trabajo constante, pero sobre todo requieren una actitud de compromiso por parte de todos. Unas declaraciones como las que pudimos escuchar acerca de estos problemas deberían generar un rechazo de la sociedad que se tradujera en las urnas, pues la vileza que transmiten está más allá de cualquier sociedad democrática y de bienestar que se precie de serlo.

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