Una de las peores cosas que te pueden ocurrir es aparecer invisible ante los demás. Que en un ámbito personal o profesional construyas una idea, un proyecto o traces una conducta y que sea imperceptible. Que no llegue.

En política también. En los últimos tiempos parece instalada una sensación de aburrimiento, de cansancio y hasta de hastío cada vez que se publica una encuesta de opinión o sondeo electoral: “Más de lo mismo. La izquierda política sigue sin ser capaz, pase lo que pase, de tejer una alternativa a la derecha, ya sea al Partido Popular, como del ascenso de Ciudadanos”. Este podría ser el titular de un medio de comunicación. O el pensamiento de un simpatizante de izquierdas.

Lejos de querer caer en un discurso facilón, pues son muchas variables que existen para analizar este escenario con objetividad, lo cierto es que después de todo este tiempo de medidas antisociales tomadas por los gobiernos de Mariano Rajoy, de la insoportable corrupción del PP (ya incluso confirmada por algunos ante los tribunales), de la ausencia de propuesta de cambio de modelo productivo en nuestro país, volvemos a caer en el riesgo del cortoplacismo. Una vez más, seguimos la hoja de ruta que intensificó nuestra crisis (¿o fue al revés, la hoja de ruta marcó la necesidad de transitar una crisis?).

En cualquier caso, la situación es la que es y las perspectivas, nefastas. La base social de la izquierda asiste impertérrita, resignada, al espectáculo político. Queramos o no, las iniciativas de los partidos que en teoría representan el espacio amplio de la izquierda no solo no consiguen movilizar: ni siquiera logran que muchas personas de la izquierda recepcionen ahora sus mensajes.

Y no se trata de criticar la capacidad de creación de propuestas. No es el caso. PSOE y Podemos plantean ideas y proyectos claros. Pero, ¿llegan a la ciudadanía? Si no lo hacen, ¿es por su contenido o bien por su formas de proyectarlos? Por otro lado, ¿se dirigen a todo el espectro de la izquierda, queda ésta cubierta al completo? Hemos hablado, escrito y debatido mucho de la oportunidad que se está perdiendo durante la presente legislatura con un Gobierno que carece de mayoría absoluta, por no recordar el fatídico 2016 “en funciones”.

La triste realidad que a muchas gentes abruma es que el espacio ideológico de la izquierda no se corresponde fielmente con esa representación que existe hoy en la primera de las instituciones políticas de nuestro país, mismamente el Congreso de los Diputados. Muchas gentes creemos que hay que hacer algo. Porque de lo que se trata es de cómo sumamos las fuerzas suficientes para contrarrestar esta situación. No puede ser que después de mucho tiempo de victorias en procesos electorales del PP, el testigo sea recogido por Ciudadanos y no por un conjunto de fuerzas progresistas.

Nuevas fuerzas políticas, como es el caso de Actúa, están planteando una construcción de la izquierda, desde el respeto y el reconocimiento, sin sectarismos ni vetos, y sobre todo, con mucha pluralidad. La izquierda ha sido siempre un conjunto de distintas culturas políticas y visiones distintas de proyectos. Pero siempre nos ha unido un fin común, la transformación de la actual sociedad en una más justa, igualitaria y solidaria.

No hay otra forma de vencer a la derecha. Ningún partido podrá hacerlo por sí solo porque ninguno ocupa todo el espacio. Y hay que ocupar todo el espectro posible, porque hay vacíos muy claros. No satanicemos a los que puedan venir a ocuparlos si la voluntad es sumar. Un espacio vacío no suma. Evitemos ser una realidad invisible y edifiquemos, entre todos y todas, la alternativa política y social que necesita nuestro país.

Publicado en Diario16.com

 

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