Es una desgracia para todos el enquistamiento y la falta de diálogo entre los dos bloques ideológicos que coexisten en Catalunya. Como bien dijo el Profesor Mayor Zaragoza hace un par de meses, la convocatoria de la consulta del 1 de octubre nos ha llevado a un ridículo internacional con pocos precedentes. Hubiera bastado explicar que Kosovo, con el pleno reconocimiento de la Unión Europea y de los Estado Unidos de América, NO es un Estado reconocido por la Comunidad Internacional por la falta de reconocimiento de la ONU, para entender que el proyecto soberanista es un delirio carísimo y sin salida alguna más que la mutua humillación de los catalanes y del resto de españoles.

Algo parecido a Kosovo le hubiera sucedido a Cataluña en una circunstancia similar por el actual sistema de vetos del Consejo de Seguridad, que hubiera impedido que la propuesta llegara siquiera a plantearse a la Asamblea General. Fuera de la ONU y de la UE, un referéndum, fuera cual fuera su resultado, no hubiera servido de nada. Y esto no se ha explicado bien.

Después del desarrollo y aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución y del revolcón electoral sufrido por el Partido que lo aplicó, con varios candidatos a las últimas elecciones prófugos y presos, nos viene el candidato a President, Sr. Puigdemont, a decirnos que el resultado ha sido “una victoria de la República Catalana y una derrota de la Monarquía del artículo 155”. Y esto es un sofisma. El mero hecho de que él y sus compañeros hayan podido presentarse a estas últimas elecciones, después de los quiebros dados a la legalidad desde todos los frentes,  supone la más clara muestra de que esta Monarquía ha hecho posible un Estado de Derecho que permite elecciones libres y que gente como él puedan presentarse y hasta ganar como candidato “offshore”. Y ahí ya le ha ganado por la mano nuestro sistema al señor éste de Bruselas.

Es obvio que esta confrontación requiere acciones que corrijan los excesos de las dos partes en litigio. De entrada, es preciso comenzar a estudiar un sistema de autogobierno autonómico y de autogestión que le haga a todo el mundo sentirse cómodo. De otro lado, no es viable una España, federal o no, con mecanismos de tributación como el cupo vasco. Sencillamente, porque no alcanzan los ingresos. De donde arranca el problema real de nuestro sistema. Si a los catalanes se les hubiera dado un “cupo”, nadie estaría planteando las simplezas que estamos sufriendo actualmente.

Y, por último, se echa en falta un grupo de políticos y estadistas que trabajen discretamente y en la sombra para buscar alternativas a esta solución. Gentes como Tarradellas, Suárez, etc. Que no necesitaron salir en los debates de los sábados para encontrar un punto de encuentro en las disputas. No quiero oír la palabra negociar, ni ceder, ni soberanía. Quiero escuchar las palabras diálogo, comprensión y búsqueda de caminos de paz, no de guerra. Hay muchos estadistas en España de todos los signos políticos y de las más altas instituciones para arrimar el hombro y ayudar a España a salir de este estúpido problema. Sólo hay que promover la plataforma y hablar menos.

 

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