Hoy asistimos a lo que podríamos llamar una etapa de aislamiento y parálisis en la nueva dirección del INS, con la pasividad del Gobierno central, el servicio de salud asturiano SESPA y de la Consejería de Sanidad

En los últimos días hemos podido constatar que la silicosis no es una enfermedad del pasado ligada a la declinante minería de carbón, a la que el actual Gobierno quiere aplicar lo que en el tenis se denomina ‘muerte súbita’, y por tanto abocada también a la desaparición.

Muy al contrario, hemos visto a colectivos de trabajadores de sectores como la construcción o los nuevos materiales, que en buena parte por la relajación de la prevención de riesgos laborales, padecen ya una silicosis que avanza más rápidamente y de forma mas grave que la hasta ahora conocida.

Es por ello que, lejos de reducirse, se ha amplía el ámbito de trabajo preventivo, técnico y de atención del Instituto Nacional de Silicosis (INS), ubicado en Asturias, como centro de referencia estatal de enfermedades respiratorias de origen laboral.

El INS, sin embargo, después de una etapa de lanzamiento y consolidación inicial ligada al desarrollo de la minería y sus graves consecuencias para la salud de los mineros en cuanto a enfermedades profesionales y accidentabilidad laboral, sufrió más tarde, como el propio sector minero o más precipitadamente, una etapa de declive y más tarde de disolución y pérdida de identidad, sobre todo con el traslado del mismo al nuevo hospital central de Asturias HUCA y su inmersión en el Área clínica de Pulmón.

Hoy asistimos a lo que podríamos llamar una etapa de aislamiento y parálisis en la nueva dirección del INS, con la pasividad del Gobierno central, el servicio de salud asturiano SESPA y de la Consejería de Sanidad, que contrasta con la prevalencia de la nueva silicosis, y por extensión, de las enfermedades pulmonares de origen laboral.

A pesar de que orgánicamente el INS ha pasado -por iniciativa de Izquierda Unida en el pacto de investidura- a recuperar su identidad, a depender del SESPA y a contar con un director propio al margen del HUCA, todo el personal que desarrollaba su trabajo el instituto (técnicos de ámbito nacional, químicos, auxiliares de laboratorio y personal médico, sanitario y administrativo) continúa dependiendo del HUCA, sin que hasta ahora el compromiso de su traslado se cumpla. Al contrario, se comienza a contratar nuevo personal y a convocar nuevas plazas, dejando en tierra de nadie al personal que, en el HUCA, sigue haciendo funcionar el INS hoy.

De igual modo, las profesionales del área de medicina ocupacional se mantienen en el servicio de Neumología del HUCA dedicadas casi en exclusiva a tareas clínicas, dejando lo ocupacional de forma residual para sus tiempos de descanso después de guardia. También en este caso la nueva dirección convocó dos plazas clínicas, tres de personal de apoyo sanitario y administrativo sin apenas medios propios y con la falta de colaboración, sino el desacuerdo explícito por parte de la dirección de área de gestión clínica de Pulmón del HUCA.

En consecuencia, la lista de espera a demanda ascendía en fechas recientes a 400 pacientes de toda España pendientes de consulta. Además, sigue sin ejecutarse, a pesar del reciente acuerdo de julio de 2017, la equiparación salarial de los técnicos del INS con los del Principado para sus desplazamientos a empresas, administraciones e instalaciones de fuera de Asturias, dándose la paradoja de que sus trabajos y estudios técnicos son costeados por aquellas al Principado. Esto incide negativamente en el potencial de Silicosis como centro de referencia nacional.

Tampoco en este año se han realizado jornadas técnicas ni actos científicos ni se ha estado presente en foros nacionales o internacionales para actualizar conocimientos, como por ejemplo el relativo a la entrada del sílice en la directiva de cancerígenos.

Por último, no se concreta la anunciada reunión de la comisión de participación, donde se encuentra la representación sindical; ni la plantilla orgánica del INS ni su reconocimiento como centro de gasto; y la ya escasa financiación del Estado se ha visto recortada en más de un tercio en 2017.

Es imprescindible que el Gobierno dé cuenta de cada uno de estos temas a los que no ha respondido o ha dado evasivas. Nos jugamos mucho.

Es urgente la integración del personal técnico, clínico y administrativo, hoy en el Área de pulmón, en el Instituto Nacional de Silicosis. También lo es el cumplimiento del acuerdo con los técnicos, de acuerdo con sus funciones de centro de referencia nacional. Es necesaria asimismo la presentación del plan de acción y la convocatoria inmediata de la comisión de participación del INS, su reconocimiento efectivo como centro de gasto, la publicación de su plantilla orgánica y la obtención de la autorización sanitaria independiente del HUCA como centro de referencia. Por ultimo, es preciso el relanzamiento de su capacidad científica, técnica e investigadora en proyectos y foros propios, nacionales e internacionales, y la recuperación, al menos, de la cofinanciación del Ministerio de Industria, recortada en un tercio en 2017.

Publicado en NuevaTribuna.es

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