¿Y si nos independizamos de la corrupción?

La espectacular presencia de la corrupción en la vida política española exige algunas meditaciones tajantes sobre el pasado de nuestra sociedad y sus posibilidades de futuro. Resulta necesaria una discusión abierta sobre la historia inmediata, el funcionamiento de los partidos políticos, la concepción de lo público y el crédito de la democracia.

Empecemos por aclarar que no es la corrupción lo que nos diferencia de otros países como Francia, Alemania o Inglaterra. Corrupción hay en todas las democracias consolidadas. Si las dictaduras son un campo propicio para la cosecha del negocio oscuro, la democracia encuentra también con facilidad sus rincones para el cultivo del estiércol.
La ideología neoliberal, que debilita el crédito del Estado al mismo tiempo que lo utiliza como estrategia de fuerza para sus negocios, adelgaza la línea entre los intereses públicos y privados haciendo inseparable el capitalismo de la corrupción. La prepotencia actual de las élites económicas extrema una realidad de siempre. Nunca ha habido en ningún sitio una democracia real al margen de las tensiones corruptoras del mercado.

Lo que quizá caracteriza a España es la grosería de determinadas operaciones de corrupción debida a la impunidad de sus protagonistas. El sentimiento de impunidad ha definido el saqueo del dinero público. Se asumieron muchas barbaridades sin pensar en ningún momento que los abusos podían ser descubiertos. Pero la impunidad es más llamativa en la falta de vergüenza de muchos políticos dispuestos a seguir en sus cargos, impasibles los ademanes, una vez comprobada su mezquindad. Las responsabilidad política se desconoce. Para dimitir hace falta que la responsabilidad judicial lleve hasta las puertas de la cárcel.

España es un país en el que gobierna un partido juzgado por una corrupción generalizada, un virus que afecta a su cúpula, a sus modos de funcionamiento, a sus amigos empresarios y a sus maneras de usar las instituciones y de invertir el dinero público. Pese a los ruidosos indicios de complicidad, Mariano Rajoy no ha pensado en dimitir. Mariano Rajoy y su partido son el problema más grave de la democracia española.

Nuestra democracia sobrevive en una absoluta falta de respeto al espacio público. No existe la virtud en los escenarios de gobierno, y las instituciones se convierten en cortijos privados. Muchos de los estribillos que caracterizan nuestros debates responden  a la falta de consideración que merece la decencia pública: desde el tú robas más que yo hasta los pactos con corruptos bajo la excusa de los imperativos políticos, pasando por el descarado argumento de que los castigos o los premios electorales pueden sustituir al código penal.

Sin duda hay razones de todo tipo para esta convivencia española con la corrupción. En el saco entran muchos motivos:

1) La tradicional santificación de la hipocresía de nuestra cultura católica.

2) La impunidad con la que muchos protagonistas de la dictadura fueron considerados padres de la patria democrática, convirtiendo la honestidad en una mascarada, desde el rey a los súbditos.

3) La debilidad de un sector empresarial que vive más de explotar al Estado que de su propia capacidad de producción.

4) La falta de pudor democrático de unos partidos que han considerado la política como ámbito de financiación de sus organizaciones y como posibilidad de colocación de sus militantes.

5) El protagonismo de medios de comunicación cercanos al poder y a las élites económicas. 

6) La confianza de los gobernantes en su control de la Fiscalíay de los órganos judiciales.

7) La servidumbre voluntaria que todo lo iguala en la indignación y en la falta de amor por las instituciones públicas, aceptando la consigna de que todos son iguales y esto no tiene arreglo.

8) Una ética neoliberal que ha cambiado los corazones, sustituyendo la solidaridad por la fascinación ante el dinero y los privilegios. 

9) La telebasura, la consigna del éxito, los nuevos ídolos, los miedos de siempre…

Seguro que cada lector puede añadir muchas razones convincentes.

España llegó a la democracia en un buen momento para España, pero en un mal momento para la democracia.No hemos sabido consagrar la virtud pública como norma de convivencia. Y esto es grave, muy grave, hasta el punto de que no debería permitirse que otros conflictos graves, muy graves, fueran utilizados por los corruptos para seguir en su negociado de indicios e indecencias.

Ser intransigentes con la corrupción política es la bandera más preciada de cualquier sociedad, el camino para cualquier solución posible de cualquier problema. España necesita independizarse de la corrupción si quiere mantenerse unida a un futuro habitable…

L´esquerra al vent

Hace unos días unos amigos de La Izquierda me invitaron a participar en un acto en el Ateneo de Madrid. Presentaban un Manifiesto en el que realizaban un llamamiento a la unidad de la izquierda, para recuperar el protagonismo de las fuerzas progresistas en lasuperación de una situación política y económica que trae al país por la calle de la amargura.

Saben mis amigos que no milito en ningún proyecto político en estos momentos. Por eso me piden que mi intervención se dedique a explicar cómo veo hoy la izquierda y las posibilidades de unidad de la misma. No parece tarea fácil, cuando la izquierda se manifiesta incapaz de conjurar la maldición del sectarismo y la división.

Uno es de izquierdas por nacimiento, por convicción, o por las dos cosas al mismo tiempo. Mi abuelo paterno vivía en la Sierra de Guadarrama, pertenecía a la UGT y al PSOE. Ya he contado en otras ocasiones que partió voluntario a la guerra con sus 42 años a cuesta (le llamaban el abuelo) y nunca volvió. Aún no sé dónde murió. Dejó mujer y tres hijos. Luego, mi abuela, recogió a una niña huérfana del pueblo y ya eran cuatro hijos en esa familia sin padre.

En la otra rama de la familia, mis abuelos maternos dirigían las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), en su pueblo, cercano a Talavera de la Reina. El avance de las tropas sublevadas el 18 de julio del 36 les llevó a huir por los caminos para llegar a Madrid. Mi abuelo combatió, fue soterrado por una bomba y terminó pagando con la cárcel su osadía. Mi abuela también fue encarcelada, en la misma cárcel en la que se encontraban las 13 Rosas. Sus siete hijos repartidos entre familiares y hospicios.

Ese es mi ADN. Pero el destino no está escrito. Podría haber acabado siendo de derechas, conservador, o fraile. Pero también, en este caso, la vida se conjuró para que viviera en un barrio obrero. Un barrio rodeado por fábricas como Marconi, Barreiros, Standard Eléctrica y pespunteado con pequeños comercios y talleres.

La gente decente que he conocido era, casi siempre y mayoritariamente, de izquierdas. Fueron esas personas trabajadoras las que condujeron mi personal transición hacia la democracia. No sabíamos qué cosa sería aquello. La libertad, a fin de cuentas, era un sueño siempre postergado en la pesadilla del franquismo.

Por eso, ahora, cuando veo algunas gentes poner en solfa y cuestión aquel camino, eso que llaman, despectivamente, el régimen del 78, no puedo dejar de sentir tristeza por la tremenda injusticia que se comete con cuantos combatieron el franquismo e hicieron palanca para traer la libertad.

Para entender aquel momento y las decisiones que tomaron hay que recordar lo que decía Largo Caballero, en Berlín, tras ser liberado en 1945, por el Ejército Rojo, del campo de concentración nazi de Sachsenhausen: Hace algunos años, en un mitin celebrado en el cine Pardiñas de Madrid hablamos Besteiro, Saborit y yo. En mi peroración dije, Si me preguntan qué es lo que quiero, contestaré República, República, República. Hoy si me hicieran la misma pregunta respondería: Libertad, Libertad, Libertad. Pero libertad efectiva; después ponga usted al régimen el nombre que quiera.

No había dejado de ser, el Lenin español, socialista y republicano. No se había hecho monárquico, ni mucho menos fascista. Había entendido la necesidad de priorizar la libertad, tras el horror sembrado por el terror nazi. Esas son las banderas que la izquierda no puede dejarse arrebatar. Las banderas de la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Para ello la izquierda necesita unidad, que no uniformidad. El mérito no consiste en unir a los que piensan igual, sino en mantener unido lo diverso y plural. Aceptar el debate a tumba abierta, respetar las decisiones mayoritarias, integrar a quienes quedaron en minoría. Abandonar la enfermedad infantil del egoísmo sectario que nos hace creer que nuestras pasiones coinciden con el interés general.

Esa es hoy la responsabilidad de la izquierda española. Construir la unidad para que el momento histórico que afrontamos se resuelva a favor de quienes más necesitan sentirse libres e iguales.

Hubo un día en el que tiramos la estaca. Hoy la responsabilidad exige ponerse en marcha, recorrer nuestro propio camino, Nosaltres al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent, els ulls al vent, al vent del mon.ºººººººº

Violaciones

La violación es un delito. Violar a una prostituta, a una mujer promiscua, a una noctámbula, a una alcohólica, a una drogadicta, a una mendiga, no es ni más ni menos grave que violar a una virgen adolescente de misa diaria o a la propia esposa dentro del matrimonio, porque todas las violaciones son uno y el mismo delito. La condición moral de la víctima, sus costumbres, su conducta, son factores tan irrelevantes aquí como en cualquier otro crimen. Se podría pensar que admitir como prueba el informe de un detective sobre la vida cotidiana de la víctima de una violación sería parecido a aceptar, en un caso de asesinato, un testimonio que probara que el muerto era un malvado que merecía morir, para que la defensa solicite que se considere como atenuante. Podría parecer lo mismo, pero no lo es. Porque lo que pretende culpabilizar a la víctima de La Manada, sembrar dudas sobre su condición moral, es que se atreviera a salir a la calle, a tomar copas con sus amigas, después de haber sido violada, en lugar de quedarse en su casa con todas las persianas bajadas y la cabeza cubierta de ceniza. Eso es lo que el tribunal ha valorado, y al hacerlo, no sólo ha asumido que la calle, la noche, la diversión, son un territorio masculino. También está transmitiendo a la sociedad que, para ser creída, respetada, una mujer violada debe seguir sufriendo después de haber sufrido, renunciar de por vida al placer y a la alegría para que se tome en consideración su sufrimiento. Así, una presunta decisión técnica se convierte en un acto de violencia sobre las mujeres. Uno más.

Jóvenes, ciudadanos del mundo, es tiempo de acción

“Habrá palabras nuevas para la nueva historia”

Ángel González

“¡Implicaos!” fue el grito – mensaje final de Stephan Hessel. “Tendréis que cambiar de rumbo y nave”, apostilló José Luis Sampedro. Pues bien, ha llegado el momento de implicarse, de cambiar de rumbo y nave, para el “nuevo comienzo” que preconiza la Carta de la Tierra, documento que deberíamos tener como referente esencial para los cambios radicales que debemos acometer.

La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos establece claramente en el segundo párrafo de su preámbulo que, si no fuera posible el pleno ejercicio de los derechos humanos, estos podrían verse “compelidos a la rebelión”. Pues bien, ha llegado el momento, de manera pacífica pero firme de la rebelión, de expresaros, de haceros oír, de inundar el ciberespacio y las calles de vuestra presencia, de vuestra voz, de vuestros puntos de vista, conscientes de que la reacción frente a los desafíos globales es inaplazable.

Ciudadanos del mundo: no os dejéis embaucar por ideólogos que han perdido hace tiempo la brújula y no se aperciben –o no quieren hacerlo- de que es toda la especie humana –este prodigio formidable y esperanzador- la que se halla en riesgo, y no debe someterse a reducción alguna, a “localizarse”, sino que debe saber reaccionar junta ante unos poderes de toda índole, incluido el mediático, que pretenden reducir las voces de “Nosotros, los pueblos…” a simples espectadores, enfrascados y ofuscados en dilucidar pertenencias a pequeñas “parcelas”, cuando, como advertía hace poco, los desafíos son sin precedentes y las soluciones, de acuerdo con Amin Maalouf, deben ser así mismo sin precedentes. En lugar de concentrarnos en cuestiones relativas a lo más cercano y circundante, debemos abordar conjuntamente, manos y voces unidas, los peligros que nos amenazan y reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

Debemos ser todos plenamente conscientes de que nos hallamos, por primera vez en la historia de la humanidad, en una situación de extrema gravedad y complejidad, enfrentados a problemas potencialmente irreversibles, de tal modo que, si no actuamos a tiempo y con firmeza, podrían alcanzarse puntos de no retorno en la habitabilidad de la Tierra.

Siempre recuerdo aquella frase terrible de Albert Camus: “Les desprecio porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”. Actuemos conjuntamente de tal modo, que las generaciones venideras no pronuncien nunca o no tengan motivos para pronunciar estas palabras. El gran desafío y el deber supremo de cada generación es asegurar a las venideras una vida digna y el pleno ejercicio de las facultades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, ¡crear! Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza.

Está llegando el tiempo de la amistad, del desprendimiento, de la escucha, de la afirmación, de la rectificación, de caminar a contraviento. La alternativa a la involución es la evolución. La alternativa a la revolución también. Sólo una “r” de responsabilidad, separa la evolución de la revolución. Si somos responsables, unos y otros, elegiremos, como la naturaleza nos muestra con gran esplendor, la evolución. Es preciso inventar el mañana. Es acuciante atreverse a saber y saber atreverse. Jóvenes: es preciso sobreponerse al acoso mediático que quiere convertiros en espectadores en lugar de actores, dando alas al escepticismo en lugar de a la esperanza. Recuerdo aquella frase del 15-M que tanto me ilusionó: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”. No os distraigáis en cuestiones locales, en obcecadas pertenencias, en favor de cuestiones irrelevantes cuando tenemos, entre todos, que hacer frente a problemas que nos incumben a todos, de una parte de mundo u otra, de un estatus social u otro, de un color de piel u otra, de una ideología u otra… Recordadnos permanentemente nuestras obligaciones intergeneracionales y aprended a com-partir, a con-vivir, a des-viviros por los demás, porque la solidaridad y el desprendimiento son, precisamente, los ignorados caminos del mañana que vosotros debéis señalarnos permanentemente.

Disponemos de muchas hojas de ruta dejadas al lado, marginadas, menospreciadas, que hoy son más importantes que nunca en el pasado: la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Carta de la Tierra, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Milenio, la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz… Todas ellas deben servirnos en estos momentos para orientar nuestro comportamiento cotidiano. También actualmente gracias a la longevidad, disponemos de un tesoro normalmente infrautilizado: la experiencia de los que viven los últimos trechos de su recorrido humano. La experiencia es el balance de los aciertos y los errores de cada uno, acumulando un valor tan extraordinario como precariamente utilizado. Por esto animo a los jóvenes a compartir experiencias y vivencias para que les ayuden a no desfallecer, a decidir actuar con denuedo cuando todavía sus alas son fuertes para volar alto y sin decaimientos.

No toleréis ningún brote de supremacismo. Esta es la mayor fuente de enfrentamientos, la mayor responsable de víctimas a lo largo de la historia, de una historia que no puede repetirse. Todos los seres humanos iguales en dignidad, es el principio de la justicia y de la paz. Como escribía recientemente, “Quiéranlo o no reconocer interesados y cortoplacistas líderes actuales, nos hallamos en el antropoceno –influencia humana sobre las condiciones ecológicas- y debemos cumplir nuestros deberes oportunamente se convierte en una exigencia ética irrenunciable. Ahora ya no tenemos excusas: ya sabemos lo que acontece y podemos expresarnos libremente gracias a la tecnología digital. Y, sobre todo, la mujer, marginada totalmente hasta hace poco ocupa progresivamente un importantísimo lugar -“piedra angular”- que le corresponde en la toma de decisiones a todos los niveles.

Es preciso, en primer lugar, promover la refundación de un sistema multilateral democrático a escala mundial, con unas Naciones Unidas fuertes y capaces de acción rápida y eficiente, de tal modo que se prescinda inmediatamente de los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) que establecía el neoliberalismo globalizador y que ha conducido a la actual situación de desconcierto conceptual, social y económico en que se halla el mundo.

La eliminación de la amenaza nuclear, asegurando una vida digna, a través de una puesta en práctica inmediata de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de los Acuerdos de París sobre Cambio Climático, de tal modo que se pueda vivir dignamente en todos los lugares del mundo. Dos transiciones son imprescindibles: de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra –insisto en que es intolerable que cada día se inviertan 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre y desamparo miles de personas como la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad- a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano.

La segunda transición, que debe acompañar ineludiblemente a la primera, es desde una cultura de imposición, dominio y guerra a una cultura de encuentro, conversación, conciliación, alianza y paz. La gran inflexión histórica, de la fuerza a la palabra, que permitiría este nuevo concepto de seguridad, que no sólo tuviera en cuenta la de los territorios sino, sobre todo, la de aquellos que nacen, viven y mueren en estos territorios.

Por cuanto antecede, es absolutamente intolerable que el Presidente Trump haya anunciado que no pondrá en práctica las medidas apremiantes sobre regulación del cambio climático que se acordaron en París en noviembre de 2015. Aquellos acuerdos fueron fruto de un intensísimo trabajo realizado, con todo rigor científico, desde hace muchos años. Ya en 1947, en la UNESCO se creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y a continuación los programas internacionales sobre geología, hidrología, oceanografía… Y se crearon los grandes programas de “EL Hombre y la biosfera”, “Las reservas de la biosfera”… Sólo cegados por intereses cortoplacistas puede ahora decirse que se han improvisado medidas para asegurar la calidad en la habitabilidad de la Tierra. Sólo el insólito mediático Presidente de los Estados Unidos, señor Trump, podía proceder de esta manera: la juventud, sobre todo, la más afectada, incluidos los propios familiares del Presidente Trump, deben reaccionar de inmediato, anunciando que, si no modifica radicalmente estas actitudes, se procederá en una reacción mundial en las redes sociales, a no consumir productos procedentes de la gran nación norteamericana, que tanto padece las inconveniencias del Partido Republicano.

“No hay desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora distintiva de la especie humana”, proclamó el Presidente norteamericano John F. Kennedy en 1963. Debemos inventar el futuro. Todo imposible hoy puede ser feliz realidad mañana pero, como escribió tan sabiamente Miquel Martí i Pol, “¿Quién, si no todos?”.

Todos para promover el desarme para el desarrollo. Todos para favorecer la transición de la fuerza a la palabra. El tiempo del silencio y de la sumisión ha concluido.

Es indispensable proceder a la redefinición de cuestiones tan esenciales para una vida “normal”, como el nuevo concepto del trabajo, de la democracia, del Estado de “justicia”, etc. En suma, hay que inventar el futuro para poder llevar a efecto la “evolución pendiente”. Evolución, es decir, conservar aquello que debe conservarse, porque son los fundamentos básicos y los puntos de referencia absolutamente imprescindibles para la hoja de ruta, y cambiar todo aquello que deba ser cambiado. Evolución, para un futuro distinto. Aquel en el que soñábamos y en el que tenemos que volver a soñar con mayor perseverancia todavía.

Jóvenes, ciudadanos del mundo, el tiempo del silencio ha concluido, el tiempo de los esfuerzos irrelevantes cuando están en juego, por primera vez en la historia, cuestiones esenciales para la vida digna, debe dejar paso a la acción consciente y decidida. Atreverse a saber y saber atreverse: sólo así llegaremos a cabo la evolución y evitaremos la revolución.

Formación para el empleo, tenemos un problema

Los medios de comunicación se hacen eco de que las organizaciones empresariales CEOE y CEPYME han iniciado una ronda de encuentros con grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados, para presentar una propuesta de Ley de Formación, a la que han denominado de Formación Profesional en el Trabajo, con la cual pretenden reemplazar la actual Ley 30/2015 por la que se regula el Sistema de Formación Profesional para el Empleo en el ámbito laboral.

El intento merece un comentario y tiene su aquel. Es verdad que la Ley actual fue remitida hace dos años por el gobierno al Congreso y fue aprobada con un nivel de consenso que no se corresponde con el alto grado de incumplimiento de sus objetivos que luego ha demostrado, traicionando todas y cada una de las expectativas creadas y promesas públicas realizadas para justificar aquella reforma impuesta de la formación, que no contó con el acuerdo de empresarios y sindicatos.

De hecho, la única convocatoria estatal de formación que se ha puesto en marcha tras la aprobación de la ley, se ha dilatado en el tiempo para su resolución y se ha visto acompañada por el escándalo. Ha demostrado que los males perviven, que la libre concurrencia desordenada de “expertos” en la captación de subvenciones ha convertido la formación en un pantano ingobernable. Ha vuelto a poner de relieve que merecería la pena afrontar, sin tardanza, la negociación de un pacto político y social en torno a la Formación Profesional de los trabajadores y trabajadoras en nuestro país.

No es mala idea, me parece, proponer una nueva Ley. Sólo que eso debería ser el resultado de una negociación previa para no sustituir la imposición del gobierno por la imposición de otra de las partes en conflicto. Dirán los responsables empresariales que otros pueden presentar sus propuestas y, ya si eso, luego las compaginamos.

Pero hubiera sido mejor que los sectores empresariales hubieran negociado con los sindicatos, para luego dirigirse al gobierno y a los partidos políticos con una propuesta conjunta. Nos ahorraríamos tiempo y estériles debates. Un problema de método, dirán entonces, pero es que el método en política es muy importante. Que se lo pregunten a un tal Carles.

Claro que, si lo hubieran hecho así, los sindicalistas les podrían haber espetado que, “ya puestos, por qué hablar sólo de la formación, que os trae por la calle de la amargura, y no de salarios, jornadas de trabajo, combate contra la precariedad, de Salario Mínimo Interprofesional, salud laboral, o de contratos decentes… De la negociación colectiva, vaya”. Y, claro, eso no.

El motivo es que la cúpula empresarial considera que lo primero para los empresarios debe ser “recuperar los altos beneficios empresariales y, cuando nos hayamos hartado, ya caerán las migajas de la mesa, casi por sí mismas, por hartazgo, por hastío, hacia las bocas de los trabajadores, aunque sea en forma de salarios de miseria y empleos precarios. La modernidad es eso. El futuro es así, inevitablemente”.

Han preferido, de nuevo, ir a lo suyo. El propio nombre que han elegido para la ley lo deja claro: Formación Profesional en el Trabajo, frente a Formación Profesional para el Empleo. Dicho de otra manera, las organizaciones empresariales plantean utilizar los recursos de la cuota de formación para formar a quienes ya tienen trabajo y, exclusivamente, en función de las necesidades de la empresa. Incluso los parados que, cuando tenían empleo, habían cotizado a la seguridad social, serían objetivo residual de esta ley. Y eso no es justo. Y lo saben.

Saben que vivimos en una sociedad de alto paro estructural, a causa de un tejido productivo que aporta muy poco valor añadido y que obtiene beneficios para los empresarios a costa de salarios bajos y de una rotación permanente de los trabajadores.

En estas condiciones, salvo unas pocas grandes y medianas empresas que invierten en cualificación de sus trabajadores y trabajadoras, el resto de la formación tiende a convertirse, casi exclusivamente, en una forma de retorno de las cotizaciones de formación, utilizando para ello las bonificaciones empresariales, a cambio de facturar algunos cursillos de formación. O en un requisito molesto, pero fácilmente sorteable y hasta eludible, cuando realizas un contrato laboral que incorpora compromisos de formación a cambio de pagar menos cotizaciones a la Seguridad Social. Basta ponerte en manos de “buenos” asesores de formación y puede que no tengas ni que hacer formación. O como mucho una cosita a distancia.

Se olvidan, además, de que la formación, a lo largo de toda la vida, es un derecho de la persona y una necesidad para el futuro de las empresas. La formación mejora la posibilidad de encontrar empleo, de promocionar, de cambiar de categoría profesional, puesto de trabajo, empresa, o de profesión.

La formación es el mejor capital de los trabajadores. El trabajo y nuestra formación es aquello con lo que contamos, casi lo único con lo que contamos, para abrirnos camino en la vida, atender las necesidades familiares, obtener derechos futuros a una pensión, o una prestación por desempleo.

Es incomprensible que, cuando los organismos europeos y las experiencias sobre mejores prácticas en materia de formación, aconsejan que los procesos y planes de formación de los trabajadores y trabajadoras sean fruto de la negociación entre empresarios y trabajadores, en el marco de la empresa y a niveles sectoriales, la CEOE y la CEPYME sigan considerando que la formación es competencia exclusiva del empresario y que los trabajadores y trabajadoras no tienen nada que decir al respecto, salvo ser informados.

El gobierno, con su ley, ha destrozado el sistema de formación para el empleo. Los empresarios, con su propuesta de Ley, ofrecen la exótica solución de establecer una dictadura del empresariado sobre la formación de los trabajadores y trabajadoras. Sin participación alguna, por lo tanto, de quienes tienen necesidad de  formarse y deberían tener mucho que decir sobre en qué formarse y cómo hacerlo.

Vivimos un tiempo en el que el cómo es tan importante como el qué. Y en este caso, las propuestas de una de las partes (las organizaciones empresariales), son formuladas unilateralmente, de forma egocéntrica y, además, lo hacen sin tomar en cuenta las necesidades, los intereses y las preocupaciones de los demás actores de la formación en nuestro país, ya sean sindicatos, o administraciones.

Comenzar la casa por el tejado es lo que tiene. Te ves obligado a cubrir aguas y poner la bandera, antes de que los muros y sus cimientos hayan sido construidos, consolidados y reforzados, de forma que sean capaces de sostener un entramado tan complejo. Aunque la intención inicial fuera buena, ni el cómo, ni el qué, hacen posible aceptar esta propuesta empresarial como animal de compañía.

Saldo

Cada vez es más difícil comprender lo que está pasando en este país, donde se diría que nunca ha habido más ni menos dinero que ahora mismo. Mientras el independentismo catalán deposita en los juzgados centenares de miles de euros sin despeinarse, y sus alcaldes alquilan aviones para ir a Bruselas, a agitar sus varas ante las cámaras, Mas vuelve a extender la mano para que los votantes del 9-N subvencionen su fianza. Es cierto que es la más elevada de todas, pero también lo es que la economía soberanista parece un pozo sin fondo. Algo parecido ocurrió durante demasiados años con el PP de Madrid, aunque ahora, al menos, sabemos que González podría pagar en solitario la fianza de Mas, porque las autoridades han encontrado los 4,6 millones de euros que tenía escondidos en Colombia. Tal vez, los madrileños nunca lleguemos a enterarnos de cuánto dinero nos ha costado el saqueo del Canal de Isabel II, entre otros, pero Montoro, compañero de partido de González, no lo ha tenido en cuenta al intervenir las cuentas de un Ayuntamiento que pretendía invertir en obras públicas menos de la cuarta parte del dinero que le sobra. El equipo de Carmena ha reducido la deuda que dejó Botella en un 40% y tiene un superávit de más de mil millones de euros. Para cualquier ciudadano normal, que vive pendiente del saldo entre sus ingresos y sus gastos, la actitud del ministro de Hacienda es incomprensible. Si consideramos el impacto de la inversión pública en la economía local, los puestos de trabajo directos e indirectos que el Gobierno municipal podría crear sin endeudarse, lo de menos es la comprensión. Porque Montoro no ha actuado contra Carmena, sino contra los intereses de los madrileños. Ese es el único saldo que importa.

Publicado en ElPaís.com

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