Vigilar y Castigar: una historia del comportamiento social. Criterio para creer en una política de izquierdas

Como dijo Mark Twain “existen las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas”, esto no se aleja demasiado de la idea de biopolítica del filósofo francés Michel Foucault, probablemente uno de los autores que mejor definirían la era posmoderna a la que estamos asistiendo, así como a su definición del poder como una esponja porosa que permea las mentes, cuerpos y espacios de los sujetos. Sujetos porque no somos objetos, pero lo queramos o no, como emulara Wittgenstein en su primera etapa de producción filosófica, el lenguaje es la representación de nuestros pensamientos, lo que como digo yo, es liberación y cárcel al mismo tiempo, si no somos capaces de generar un criterio propio.

Menos biopolítica y una mayor compresión de su significado nos llevaría a entender que últimamente en el Congreso de los Diputados se utiliza la demagogia como la mayor perversión política. El halo que dejan las bocas llenas de datos y citas de informes realizados por think tanks u organizaciones que reproducen los intereses oligárquicos, llevan a los diputados a enmascarar las realidades. Estamos cada vez más gobernados por los números que se encargan de clasificarnos, compararnos y desgastarnos.

Desde esta visión, me pregunto yo: ¿Quién sembró la batalla entre las diferentes Comunidades Autónomas? Los diputados con sus datos bajo el brazo, esos datos que nadie conoce pero que todo el mundo piensa que son reales y se transforman en frases como “los catalanes nos roban”, “España nos roba”, “pagamos demasiados impuestos”, “a Cataluña y País Vasco se le ha dado todo”. Frases que sirven para controlar, vigilar y castigar a unos y a otros, en el que el ser humano saturado y bombardeado no es capaz de acudir a las fuentes que los congresos diputados no paran de citar. Pues bien, animo a nuestra parte de sujeto para no quedar sujetos a los castigos de las falacias, que comprueben las ideas que repiten. Parece que se nos haya pasado por alto, que lo importante en toda la historia a la que asistimos el 1 de octubre es que tiene una raíz, una memoria histórica que pica a los defensores de la castración de las intenciones de quiénes intenten removerla.

La televisión hace su función en ese control biopolítico de cuerpos y mentes, trasformando la memoria, las noticias pasan de día en día, y parece que se nos olvida el telón de fondo, es decir, los presos políticos, las huidas a Bélgica, los litigios precedentes y las elecciones del 21 de diciembre; son solo fruto de una sordera a la escucha de un juego por la gobernabilidad que empezó en las pasadas elecciones y que dio una baza inagotable para el control de las masas que enunciaba el monstruo del intento de diálogo y de la apertura de un proceso que abogara por un referéndum pactado, pero ya sabemos que en España se tiene cierta alergia a hacer este tipo de prácticas políticas, ya que parecen ser demasiado democráticas.

El problema de fondo está servido, todo lo que se hace y en esto no deberían de dudar los actores de esta sociedad, es que todo lo que ha pasado ha sido en nombre de la gobernabilidad. Un PSOE bajo un Sánchez que olvidaba sus promesas socialdemócratas antes que Felipe González en su propio gobierno, un Rivera oportunista intentando hacerse paso entre los cadáveres que la dureza del Partido Popular fue dejando al paso con sus negativas al diálogo constantes. Nadie dice nada de la violación de los derechos humanos a la que hemos asistido un 1 de octubre de 2017. La propia galardonada periodista Naomi Klein, autora de La Doctrina del Shock (2005), obra en la que promulgaba y defendía la tesis de que las grandes reformas de los estados mundiales han venido precedidas de grandes catástrofes o crisis manipuladas por el poder político, ayer denunciaba a las instituciones europeas y al gobierno español de salazistas y pinochetistas, en el que tener presos políticos era más propio de esos gobiernos que no se hacían llamar democráticos.

Por otro lado, y lo más cómico o dantesco, es que estamos ante un gobierno que como globos honda parece que la jugada catalana y la alteración del ambiente ante sus negativas al diálogo, si parezca un mecanismo de shock, puesto que el hecho de que los juicios de la Gürtel señalen a Mariano Rajoy Brey y sean más imputados que diputados y senadores en las instituciones democráticas, parece estar pasando por alto, ya que nos preocupa más lo que diga o haga el catalán y si 200 alcaldes han gastado dinero público en su viaje a Bélgica.

En fin, lo que trato de aportar a todo esto es un poco de sentido común y que no tratemos de engañarnos, que lo que se debería de haber hecho y no podemos olvidar, para que las generaciones venideras no comentan el mismo error, que parece que los defensores de esconder la memoria histórica nos han llevado a justo lo contrario, es que con un referéndum pactado y con garantías todo esto se podría haber evitado. Por ello, la izquierda debería de tomar distancia de su rol parlamentario y confluir en verdaderos diálogos, ya que al parecer, otro éxito de la política económica neoliberal, nos ha cortado el dedo gordo del pie izquierdo y de manera definitiva el PSOE nos ha abandonado, por lo que nos toca hacernos más fuertes y exigir ahora más que nunca un nuevo modelo de Estado, una revisión de la política fiscal, una mayor inversión en educación, sanidad y políticas públicas, un referéndum pactado y con garantías, entre otras medidas.

Cristina Pulido Montes. Estudiante de doctorado en Educación en la Universidad de Valencia.

 

Elecciones catalanas

Las elecciones catalanas se han convertido en el bálsamo de fierabrás curativo de las afecciones independentistas de un grupo de catalanes radicalizados. Rajoy confía en ellas para seguir tumbado en su poltrona presidencial haciendo lo que más le gusta en el mundo: de D. Tancredo. Más gallego que el mismo Franco, Rajoy pretende que sean los electores constitucionalistas los que le saquen las castañas del fuego votando en mayor número que los independentistas. Pero sin una sola palabra ni idea acerca de que podría pasar si la composición de las cortes catalanas es la misma o parecida a la de ahora. ¿Volvería a aplicar el 155? ¿De nuevo elecciones catalanas hasta que salga la mayoría anti independentista? Quisiéramos pesar que no, pero conociendo su abulia para actuar, cualquier despropósito es posible.

El tema de Cataluña viene de lejos y lleva coleando desde hace más de 80 años. Estos arrebatos independentistas ya se dieron y de tal manera que el 7 de Octubre de 1934 el Ministerio de la Guerra republicano tuvo que intervenir mediante un Parte Oficial de la presidencia del Consejo de Ministros. Entre otras cosas decía: “En Cataluña, el Presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá. Ante esta situación, el gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país. Al hacerlo público, el Gobierno declara que ha esperado hasta agotar todos los medios que la ley pone en sus manos, sin humillación ni quebranto de su autoridad. En las horas de paz no escatimó transigencia…”.

El mismo problema y la misma respuesta gubernativa con casi las mismas palabras, o como diría el inefable Rajoy: todo es distinto salvo alguna cosa… Qué duda cabe que la independencia está enquistada en el imaginario colectivo de algunos de los grupos políticos catalanes, de tal manera que pasan los años y este imaginario permanece inalterable. A los que no somos independentistas nos cuesta entender las razones que esgrimen para ello. Nos la quieren presentar como una utopía de libertad, de autonomía, de eficacia administrativa, de buena gestión, de fin de la pobreza, de la precariedad, de una tierra próspera a la que todas las empresas ansían ir para hacer negocios. Y quienes más se esfuerzan en ello son los autodenominados anticapitalistas. Tiene guasa la cosa. Mayor contradicción no se puede dar. Nunca he podido entender como el aspecto político de un tema puede arreglar la condición humana, la pobreza, el paro, los recursos energéticos, la corrupción, etc, etc. Evidentemente al tomar la parte por el todo, el argumento es falaz, es engañoso y tiene pinta de que se usa con el fin de engañar, o, al menos, para satisfacer nuestros propios deseos. El aspecto político de un tema tan complejo como es la independencia de un territorio –que goza de libertades y garantías democráticas- en absoluto esclarece al resto de los aspectos sociales, económicos, éticos, de justicia, de salud pública, de educación, etc., que tienen siempre urgentes retos que resolver.

No sé si las elecciones de Diciembre resolverán el problema a Rajoy, pero a quienes no resolverán el problema será al resto de los españoles, que ya estamos hartos de tanta majadería por parte de unos y otros y de tanta falta de propuestas de diálogo.

Cecilio Nieto. Catedrático de Filosofía.

 

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Actúa

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: