La renta básica como cambio socio-económico

Afortunadamente, parece ser que el sentido común se está imponiendo en las esferas del poder económico y la Unión Europea ha decido dar un paso al frente e introducir  las condiciones socio-económicas necesarias  para  modelar un futuro próximo que libere a la raza humana hacía un progreso sostenible y permita una explosión sin precedentes en el desarrollo humano, tanto creativo como  cooperativo, libre de preocupaciones y de necesidades primarias.

1.1. Prueba piloto en  Barcelona

La ciudad de Barcelona ha sido elegida para ensayar  una prueba piloto estructurada en cuatro fórmulas distintas de renta municipal de inserción en septiembre de este año 2107.  Se trata de una fondo de 13 millones de euros (casi 5 millones aportados por la UE) a repartir entre 1.000 hogares seleccionados de forma aleatoria pero con bajos ingresos, de una duración de 24 meses. Los elegidos tendrán derecho a una renta que, según los cálculos del ayuntamiento, cubre las necesidades básicas del individuo, de entre 400 a 525 euros sin contabilizar los gastos en vivienda al considerarse muy volátiles.

Se ejecutará en cuatro entornos diferentes con el fin de entender cuáles son las condiciones más óptimas para su correcto funcionamiento y si su aplicación desincentivaría la voluntad de acceder al mercado laboral en general, o específicamente en algunos sectores más proclives a la precariedad. Una de estas rentas estará condicionada a que la  persona beneficiada haga un proceso de inserción en el mercado y otra no; un tercera será compatible con cualquier tipo de ingresos y su contraria no.

Aparte, se combinará con otras políticas sociales, siendo éstas cuatro en concreto:

  • Colaboración en planes de empleo.
  • Colaboración el actividades comunitarias
  • Programas de convivencia y vivienda compartida
  • Programas para emprendedores

Habrá que estar muy atentos al devenir de esta prueba piloto ya que las conclusiones respecto a sus efectos en relación al sector económico serán los de mayor peso para la élite dominante en inclinar la balanza hacía un lado u  otro.

 

1.2. Caída del estrés en Finlandia

En políticas sociales, los países nórdicos nos llevan al resto del primer mundo muchos años de ventaja. Finlandia ya ha experimentado en su territorio la inclusión de un RBU con resultados positivos. El experimento comenzó en 1 de enero de 2017 con 2.000 desempleados, de entre 25 a 58 años, como beneficiarios de una renta básica de 560 euros. Después de cuatro meses de aplicación, ya se han notado resultados esperanzadores:

  • Salud mental mejora debido a que el estrés provocado por la necesidad  de supervivencia desaparece.
  • Los beneficiarios pueden elegir un trabajo que se adapte mejor a sus circunstancias.
  • Las personas agraciadas pueden centrarse en reciclar sus conocimientos para así poder adquirir un trabajo mejor remunerado.
  • Coste sanitario en enfermedades relacionadas con el estrés y con la falta de necesidades fisiológicas primarias se reduce.

Como podemos observar, cuando a los individuos se les provee con los medios necesarios para su supervivencia, su nivel de estrés se reduce considerablemente, al mismo tiempo que tratan de encontrar la mejor forma de cómo integrarse en la sociedad para ser provechosos y aportar su granito de arena. Una simbiosis entre dos organismos interconectados e interdependientes: el estado y sus ciudadanos. Sin embargo, es capital  que el modelo de renta básica  se centre únicamente en cubrir las necesidades básicas del ser humano, para que éstos interioricen que su superveniencia está garantizada, sin ser una excusa para no hacer nada durante el resto de su vida.

 

1.3. Una bendición para la India

En la India en el año 2011, UNICEF impulsó y financió dos programas piloto con rentas básicas con el objetivo de medir su impacto en una población extremadamente pobre. Ocho pueblos en la región de Madhya Pradesh fueron los seleccionados como receptores de estos ingreso básicos. Cada habitante tenía derecho inicialmente a 200 rupias para cada adulto y 100 para cada niño, aumentando la cuantía a posteriori a 300 rupias y 150 respectivamente. Se les impidió intercambiar ese dinero en efectivo por subsidios en comida debido, por un lado, a que se consideraba crucial para la fiabilidad del estudio el efecto específico de la ayuda en dinero en efectivo y, por otro, a la desconfianza  en las autoridades locales por su inclinación  a persuadir a la población en toma de decisiones contrarias a sus intereses.

Las  conclusiones finales del estudio fueron:

  • Muchos usaron su dinero para mejorar su hogar  o tomar precauciones contra enfermedades comunes locales, como por ejemplo la malaria.
  • La nutrición mejoró, sobre todo la relacionada con los jóvenes, hembras especialmente.
  • Se incrementó la demanda en relación a compras de víveres en mercados en detrimento de las tiendas locales debido a una mayor liquidez financiera. Como consecuencia, tanto la calidad como la variedad de la dieta aumentó. Las enfermedades derivadas de la alimentación disminuyeron y se detectó un aumento de las consultas en la sanidad privada.
  • La mejora de la salud infantil derivó a una mayor asistencia juvenil en los colegios. La escolarización colectiva es causa directa de una mejora en la productividad del país a medio/lago plazo.
  • Ayuda a la distribución de la riqueza. Lo más desfavorecidos como lo son las familias de castas bajas, mujeres e individuos con incapacidad de repente se encuentran con un sustento básico de supervivencia, así como un aval con el que ganar influencia y posición social.
  • Aumento de las pequeñas inversiones personales. Semillas de mejor calidad,  máquinas de coser, aumento de pequeños establecimientos comerciales, tiendas de reparaciones.
  • Más oferta de trabajo y más gente trabajando. Sin embargo, se notó un cambio de tendencia, disminuyó la contratación por cuenta ajena y aumentó el emprendimiento.
  • Los beneficiados eran más propensos a reducir sus deudas e incluso endeudarse más, ganaban  en confianza y adquirían un riesgo mayor.
  • Los índices de corrupción y violencia descendieron ya que, al encontrar liquidez por vías ajenas al monopolio de los usureros, su influencia se redujo.
  • Una renta básica, contrariamente a los subsidios de alimentos, proporciona una mayor libertad al individuo para gestionar sus recursos de forma individualizada, lo que le permite solucionar sus problemas de una forma más eficiente, adquirir mayor control sobre sus vidas y su futuro, mayor equidad social y crecimiento.

Como conclusión, la cuantía integral de la renta básica fluye del sector público al sector privado debido a su naturaleza inherente que impide ser ahorrada,  mejorando tanto la calidad de vida de los individuos como los ingresos de los comercios, aumenta la asistencia escolar, un aumento de la productividad como consecuencia de una mejor alimentación, mayor destrucción creativa debido a un  aumento del emprendimiento y una disminución de los trabajos precarios, una reducción de la corrupción y mayor equidad social. Verdaderamente, una mejora significativa en las condiciones de los más favorecidos y por ende, de la sociedad en general. Razones suficientes para ser considerada igual de importante que cualquier otro tema considerado como trascendental, como por ejemplo, los protocolos contra el cambio climático.

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El sofisma de la derrota de la Monarquía

Es una desgracia para todos el enquistamiento y la falta de diálogo entre los dos bloques ideológicos que coexisten en Catalunya. Como bien dijo el Profesor Mayor Zaragoza hace un par de meses, la convocatoria de la consulta del 1 de octubre nos ha llevado a un ridículo internacional con pocos precedentes. Hubiera bastado explicar que Kosovo, con el pleno reconocimiento de la Unión Europea y de los Estado Unidos de América, NO es un Estado reconocido por la Comunidad Internacional por la falta de reconocimiento de la ONU, para entender que el proyecto soberanista es un delirio carísimo y sin salida alguna más que la mutua humillación de los catalanes y del resto de españoles.

Algo parecido a Kosovo le hubiera sucedido a Cataluña en una circunstancia similar por el actual sistema de vetos del Consejo de Seguridad, que hubiera impedido que la propuesta llegara siquiera a plantearse a la Asamblea General. Fuera de la ONU y de la UE, un referéndum, fuera cual fuera su resultado, no hubiera servido de nada. Y esto no se ha explicado bien.

Después del desarrollo y aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución y del revolcón electoral sufrido por el Partido que lo aplicó, con varios candidatos a las últimas elecciones prófugos y presos, nos viene el candidato a President, Sr. Puigdemont, a decirnos que el resultado ha sido “una victoria de la República Catalana y una derrota de la Monarquía del artículo 155”. Y esto es un sofisma. El mero hecho de que él y sus compañeros hayan podido presentarse a estas últimas elecciones, después de los quiebros dados a la legalidad desde todos los frentes,  supone la más clara muestra de que esta Monarquía ha hecho posible un Estado de Derecho que permite elecciones libres y que gente como él puedan presentarse y hasta ganar como candidato “offshore”. Y ahí ya le ha ganado por la mano nuestro sistema al señor éste de Bruselas.

Es obvio que esta confrontación requiere acciones que corrijan los excesos de las dos partes en litigio. De entrada, es preciso comenzar a estudiar un sistema de autogobierno autonómico y de autogestión que le haga a todo el mundo sentirse cómodo. De otro lado, no es viable una España, federal o no, con mecanismos de tributación como el cupo vasco. Sencillamente, porque no alcanzan los ingresos. De donde arranca el problema real de nuestro sistema. Si a los catalanes se les hubiera dado un “cupo”, nadie estaría planteando las simplezas que estamos sufriendo actualmente.

Y, por último, se echa en falta un grupo de políticos y estadistas que trabajen discretamente y en la sombra para buscar alternativas a esta solución. Gentes como Tarradellas, Suárez, etc. Que no necesitaron salir en los debates de los sábados para encontrar un punto de encuentro en las disputas. No quiero oír la palabra negociar, ni ceder, ni soberanía. Quiero escuchar las palabras diálogo, comprensión y búsqueda de caminos de paz, no de guerra. Hay muchos estadistas en España de todos los signos políticos y de las más altas instituciones para arrimar el hombro y ayudar a España a salir de este estúpido problema. Sólo hay que promover la plataforma y hablar menos.

 

¿Es la multiculturalidad un problema?

Todas las culturas tienen su razón de ser, ya que si daña la integridad misma de sus integrantes, éstos dejan de sentir afiliación identitaria. Aunque pueda parecer incomprensible, que una cultura perdure tiene sus motivos. El sentimiento de unión suele reforzarse mediante la educación, que en algunos casos puede cegarnos, negándonos a reconocer y respetar la diferencia. Este sentimiento identitario suele verse reforzado ante los embistes, ya que puede crear mayor uniformidad. El concepto de una sociedad libre, debería ser el de una comunidad de iguales que se relacionan bajo un régimen constitucional. Entonces nos preguntamos ¿Por qué separar lo que es igual? ¿Cuáles son los factores que deberían mantener unida a una región? Nos encontramos en una universalización tan arrolladora que sentimos la necesidad de parar y luchar por nuestra identidad. Por eso es necesario escuchar las voces de otras culturas y poder elegir nuestra identidad. Ser una gota en el mar, tan necesaria y diferenciada, que no desaparezca y se integre en la totalidad.

Entendemos Nación como una soberanía constituida bajo el sentimiento de nacionalismo. Esta ideología se fundamenta en un pasado, una cultura y en la mayoría de casos, en una lengua comunes que cohesionan su pertenencia. Interpretar la vida de manera parecida, en la que los mismos recursos resuelven necesidades similares. No es necesario recurrir a un plebiscito diario para ratificar la pertenencia a una Nación. Nos bastaría únicamente con ver las costumbres, la ideología, los símbolos que de manera consciente o inconsciente afloran entre sus ciudadanos.

La ontología de la Nación es el Estado. La unión cultural necesita organización política para fortalecerse y afirmarse ante uno mismo y ante los demás. Si una cultura no recibe el reconocimiento legítimo de identidad diferenciada, se siente incompleta. El nacionalismo sufre una fuerte influencia en los medios de comunicación, que puede llamar al patriotismo y crear un mundo de claroscuros.

De modo que surgen dos vías. Una cultura unida por el pasado común y otra que quiere compartir el futuro. Culturas, en ambos casos, conformadas por personas que en su mayoría no se conocen entre sí, pero que viven con el imaginario de compartir un sentimiento común arraigado e intransferible de identidad.

Los partidos políticos se adueñan de los símbolos nacionales, fortaleciendo un paradigma unilateral. Esta uniformidad no es real y menos en un espacio internacional de flujo constante. Un político no debería bajo ninguna circunstancia dictaminar lo que significa ser patriota, ya que poco tiene que ver con la pertenencia a una cultura y mucho con la demagogia política recaudadora de votos.

Pertenecer no significa dejar de compartir. Un sistema democrático que promueve la homogeneidad cultural y lealtad patriótica, demuestra que no tiene argumentos para aceptar la diversidad cultural que nuestra sociedad multinacional requiere.

Muchos nos limitamos a aceptar las ideas heredadas como valores afirmativos. Esto puede desembocar en un simulacro de uniformidad moral. De modo que la diferencia no sería visible tanto en la conducta como en el estudio de por qué reaccionamos como lo hacemos. Si en este estudio descubriéramos que son los conceptos detrás de los valores los que nos condicionan en nuestro comportamiento, podríamos considerar que no hay ideas universales que determinen el comportamiento correcto. Porque a aquéllos que hagan apología de moralidad, se les podría recriminar que nos explicaran o justificaran su comportamiento. Lo que les podría obligar incluso, a crear alguna teoría para salir del paso.

En España sucede que las minorías, por estar concentradas territorialmente, producen un intercambio en el que esa minoría deviene en mayoría en ese territorio. Muchos gobiernos han intentado redistribuir a los pueblos por todo el territorio nacional para impedir que la identidad minoritaria ganase fuerza; disolviendo las instituciones educativas autónomas y con restricciones del uso de la lengua al ámbito privado, dejando la lengua mayoritaria  al ámbito público. Esta manera de proceder niega la realidad y es ineficaz. En España sabemos un poco de esto. La minoría política no reclama sólo variedad cultural, sino que hay una cultura minoritaria que reclama soberanía sobre su “pueblo”, por encima de la del Estado y del resto de “pueblos” que conforman dicho Estado.

En España, las comunidades autónomas de Cataluña, País Vasco y Galicia protegen (o lo intentan) el autogobierno de las minorías nacionales. El resto de comunidades se pueden llegar a considerar divisiones territoriales dentro del Estado. Esas comunidades con un sentimiento cultural común diferente del estatal, muestran un deseo de autonomía, no sólo cultural sino político. Manifiestan el interés de ampliar sus poderes progresivamente mientras las otras autonomías pueden incluso ceder algunos de los suyos. Cataluña y País Vasco han demostrado un mayor interés en el autogobierno. Pero esto no significa que el resto de comunidades no tenga una identidad propia y diferenciada.

Conceder derechos y poderes diferenciados podría equivaler a menospreciar a las demás comunidades y crear dos tipos de Comunidades Autónomas y dos tipos de ciudadanos. La búsqueda debería estar encaminada a un planteamiento con ciudadanos iguales con poderes iguales. La concesión de poderes especiales a estas Comunidades Autónomas podría representar una muestra de la importancia que representa la minoría nacional. Esta puede ser la vía para hacer reconocible a la minoría como culturalmente distinta y entregar poderes y reconocimiento a quién lo está pidiendo. Esta división de poderes puede ser beneficiosa para contrarrestar el centralismo. Forzar el debate tras una época de mayorías absolutas.

La coexistencia de más de una Nación en un Estado es un seguro de la diversidad y coexistencia entre pueblos que se retroalimentan. Esta coexistencia demostraría valentía por saber ver la multinacionalidad dentro de sí mismo.

La independencia de Catalunya propone un dilema a los Estados-Nación. El modelo de Estado actual se ha basado en el nacionalismo para lograr una cohesión que ratifique Estados sin naciones en su interior por crear un conflicto entre la soberanía nacional del Estado al que pertenecen y la soberanía nacional que reclaman. “A cada Nación un Estado” resulta paradójico ante la realidad de que se determina quien puede no quien quiere. El recurso habitual del nacionalismo es la defensa de una Nación ideal imaginaria, y se pide a sus ciudadanos que luchen por su cultura haciendo creer que una Nación es mejor que otra. Un ente impersonal que somos todos a la vez que nadie.

Pero desde Cataluña no piden aumentar su autonomía dentro de España, sino la secesión. Crear una república Catalana por secesión. Este nominalismo político ha movilizado a miles de personas. El objetivo es fortalecer el sistema económico y de poderes para acceder a los pactos supranacionales en el mercado internacional.

La autonomía restringida ha quebrado y ahora no existe otro deseo que la independencia. Los líderes nacionalistas lo saben y utilizan todos los medios (sistema educativo, partidos políticos y de los medios de comunicación) para conseguir su objetivo de la manera más rápida.

Una vía alternativa podría ser el federalismo. Sistema político con división de poderes entre gobierno central y subunidades territoriales (comunidades autónomas). Así las minorías podrían adquirir capacidad de decisión sin recibir imposiciones de la cultura mayoritaria. Una descentralización administrativa en la toma de decisiones básicas. También se ha hablado de Confederación en la que un poder supranacional (otorgado por varios estados soberanos) constituido por delegados de los estados soberanos controla la gestión económica o militar. Estos poderes otorgados al poder supranacional son voluntarios y revocables.

En el sistema federal los poderes están determinados por ley a cada nivel de gobierno. Sería anticonstitucional la intromisión en competencias asignadas a otro organismo. Aunque el federalismo no garantiza una ejecución óptima si no se establecen límites federales y una correcta división de poderes.  Así mismo, el federalismo podría convertirse en un proceso de secesión. Al comprobar una buena gestión, las minorías pueden reclamar mayor autonomía. Por eso habría que pactar una gestión de la lengua, de los recursos naturales, de la sanidad,  la educación,… de modo que el federalismo no fuera insuficiente y no habría razón para reclamar la secesión. Todo bajo una constitución que determinara las división de poderes legislativos y administrativos de gobierno central y subunidades, o la representación en las instituciones centrales como parlamento, corte suprema, o banco central.

España es un país formado por costumbres diversas y una cultura común. Hay personas que a pesar de hablar lenguas distintas del castellano, no sienten un alienación por parte del Estado. Uno es de su casa, de su familia, de su barrio, pueblo o ciudad, de su provincia, de su comunidad autónoma, de su país, de su continente, del planeta, del universo,… Al fin y al cabo somos seres humanos que según dónde hemos nacido y dónde nos hemos criado, desarrollamos unas determinadas costumbres que nos conforman como personas dentro de una sociedad múltiple. La discrepancia surge cuando el etnocentrismo rompe la diversidad y la riqueza cultural.

Constantemente surgen nuevos Estados. Algunos reconocidos y otros no. Adherirse al pasado carece de valor al ser usado con demagogia y alevosía para mantener regímenes opresores. Muchos historiadores se esfuerzan en demostrar procesos históricos que en muchos casos han sido inventados. Lo importante debería ser el sentimiento actual. Si una minoría siente que posee un poderoso sentimiento de identidad nacional, independientemente de su realidad histórica, deseará constituirse como Nación. Un estado federal probablemente no satisfaga a las minorías nacionales, pero sirve para observar cómo se convive en democracia, compartiendo derechos y responsabilidades mediante cooperación. Es necesario tener ejemplos de este tipo. Aunque no debe aceptarse sin debate. Las minorías no deben verse desacreditadas por uso de medios propagandísticos.

Los nacionalismos suelen hacer uso del miedo y las inseguridades de los ciudadanos con bases infundadas en un sentimiento ficticio. Se crea así una visión maniquea en la que o estás a favor o en contra, sin margen de debate. Estos populismos pueden plantear la demanda de poderes que jamás poseyeron y que la mayoría de los ciudadanos nunca solicitó.

Cualquier cambio o petición debe comprenderse y debatirse. Hay que ser más pragmáticos y dejar de esconder las cosas. Las personas tienen la capacidad de elegir. A pesar de los populismos y la propaganda que puede circular, cada ciudadano debe poder elegir la educación que quiere, así como la lengua. La solución es crear el marco de libertad (positiva) en el que cada ciudadano elija qué desea en cada momento. Para evitar la secesión hay que crear una distribución de competencias a nivel estatal y autonómico que sea satisfactoria para ambos. Sabiendo que es habitual un federalismo asimétrico en el que algunas unidades posean mayor autogobierno que otras.

En Cataluña, la concentración puede convertir a la minoría en mayoría y en consecuencia, se crearán nuevas minorías dentro del territorio catalán. Así que la antigua minoría ha de mostrar madurez y reconocer, tal y como ella fue reconocida, la nueva minoría que reclama unos derechos similares. Por eso antes de todo, Cataluña tiene que responderse varias preguntas. Crear un debate profundo dentro de la sociedad y dejar de evitar la confrontación en ciertos aspectos que resultan tan incómodos como determinantes.

Entre dos personas que buscan una solución a la convivencia, no se agotan las salidas. Por eso hace falta voluntad para demandar y delegar. Llegar a compromisos huyendo de la asimetría aunque no debemos olvidar que cada pueblo es único. Aunque con una subunidad cegada con sus deseos, el federalismo no es una opción.

La democracia no se demuestra únicamente votando, sino con la colaboración de los políticos que deseen llevar a cabo el deseo de los ciudadanos. No se trata de ceder, sino de luchar por una justicia popular. Que el pueblo vuelva a sentirse representado.

Aún así, creo que existe la posibilidad, y el deseo de trabajar juntos para desarrollar un sistema que permita la cooperación. Para ello, se ha de escuchar a los ciudadanos. Un movimiento de abajo hacia arriba y no a la inversa. El reconocimiento de la diferencia puede ser el paradigma de una identidad común.

El prestigio de la clase política

Existe una dicotomía en torno al concepto de representación que se atribuye a los actores que nos hablan desde tribuna y a los que en ocasiones, si no es por el rótulo que les acompaña, nos cuesta posicionar correctamente, no sé si porque tenemos demasiados, lo cual nunca es bueno para atendernos, ni siquiera para la economía de un país, o porque carecen de sustancia, entendido el sustantivo como liderazgo natural y necesario. Unos afirman que los ciudadanos, como si ellos no lo fueran, tenemos lo que nos merecemos. Otros, más ambiguos que inconformistas, nos califican de borregos en masa, predicando eso de la fuerza del pueblo en un atril mientras confían, sin complejos, en que la ordinariez que su empoderamiento nos otorga les lleve a subir peldaños o, nunca mejor dicho, escaños.

Los primeros se definen en su propia reflexión, los segundos perturban aunque son especialmente sigilosos cuando se emplean en una meditación más personal que colectiva sobre lo que mejor conviene. Pero no hay silencios buenos ni reconfortantes, cualquiera de ellos conspira y guarda un millón de pensamientos, ideas, prejuicios y miedos. Ya lo decía Mahatma Gandhi: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”, frase que, por sí sola, merecería gran comentario de texto. Y tan cierto, no hay peor mutismo que el de quien se ausenta o escapa cuando se le invita a asumir una posición necesaria, lo que acaba en ira contenida ante una reserva traicionera que, por otra parte, era ya casi esperada. Así, un agraviado entrenado en no ambicionar manifestación popular alguna, acaba entrando en un círculo vicioso de posturas rígidas, tácitamente preacordadas, lo que fulmina cualquier opción de diálogo público.

Sorprende cuando, pasado el tiempo y narrado lo siguiente en sentido figurado, ese remordido cómplice y mudo consciente del “mala gente” comienza a relatar una historia que, por mutista y por vetusta, ya no interesa nada. Ese relato rancio, del que ahora tiene interés charlatán, lo que anda buscando es el aburrido trance de una excusa, aunque esta venga a ser nuevo y discreto silencio de vuelta, de la buena gente que finge una escucha paciente.

El silencio de la buena gente pronto deja de ser inocente y la convierte. Refuerza conductas lesivas y malos hábitos a los que, por desgracia, nos hemos acostumbrado tanto que los asumimos como norma de convivencia. Pero nos estamos olvidando que la costumbre no hace moral ni ética, corriendo el riesgo de maleducar y  envenenar a generaciones completas. Dicho esto, extrapolando esta cavilación más allá del ámbito de relaciones interpersonales, no resulta tan diferente de cómo ese silencio “prudente” y esa inacción han sido las herramientas con las que hemos construido la convivencia y la connivencia de la clase política de este país.

Personalmente, no creo que el problema radique en la falta de confianza que el ciudadano tenga en sus instituciones, eso es más bien un eslogan muy electoral, casi comercial, y que sólo suena mucho. Lo que intuyo más probable es la falta de fe en quienes las dirigen, nombrados por aquellos que, paradójicamente, son elegidos por un pueblo que no se siente representado. De otro lado, resulta contradictorio exigirles fuerza de cambio a cargos políticos que, a priori, ya prevemos faltos de palabra porque asemejan personajes de un juego de rol misterioso, con una pose dramática sorprendente o, aun peor, pedirles vocación pública y cederles una enorme responsabilidad a quienes, como decían las abuelas, “se arriman al sol que más calienta” o van reequilibrando el discurso “por si suena la flauta”.

No somos tan pocos los que hemos dejado de priorizar la molestia del silencio cobarde porque comienza a estorbarnos mucho más el temerario y peligroso alboroto. No hay temor a ser apuntados con un dedo, ni ganas de ejercer como mentores de compatriotas sobrados en vehemencia bien estudiada. Confiamos mucho más en el relato de quienes se han graduado en experiencia, se alejan de adornos y fantasías, saben muy bien lo que dicen y aún más lo que callan, en un silencio que se posiciona y que se manifiesta pacíficamente en voz más sabia por vieja que por diabla. Ese es un silencio de gente buena que molesta a la gente mala.

Es necesario volver a empoderarnos confiando la política en quienes ya han quedado por encima de tendencias,  en aquellos a los que se presupone, por mérito propio, esa necesaria vocación de Estado y que poseen algo valioso en decadencia como es el poder de la oratoria. Necesitamos profesionales a los que lograr entender en una respuesta y, sobre todo, reflexionarles después porque logren dejarnos un mensaje lleno de contenido. No apetecen gobiernos de ilusión que nos embauquen en utopías, se hace deseable que nos representen personas con las que gratamente nos sentaríamos a tomar un café, que han superado rencores y frustraciones ante acontecimientos vividos o no, que sean capaces de dar un zapatazo sereno y actúen.

Es insensato creer que quienes nacimos en democracia podremos crecer de forma saludable desoyendo a los que ya estaban allí entonces. Oír no es acatar y discutir no necesariamente lleva implícita una connotación negativa. Recuperar la política en las plazas y en las partidas de dominó, hacerla cotidiana sin crisparnos y enriquecernos de opiniones opuestas sin encontrarnos es mucho más sencillo que vivir en un discurso faltón y enfadado. Quiero pensar que es más probable que posible una sociedad evolucionada y más libre, construida osadamente sobre la educación, la generosidad y el respeto.

¿Por qué el Partido Popular no condena el franquismo?

Yo vivo en una isla de precariedad dentro del gran Chamartín, vivo en Manoteras. A dos paradas de bus, estoy en Arturo Soria. Es curioso estas últimas semanas observar el gran contraste entre la gran cantidad de banderitas (“banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda…”) que asoman por los balcones o ventanas de los bloques de Arturo Soria y las escasas banderitas en mi zona, Manoteras, donde viven muchos inmigrantes, pero el 60% son españoles. Da que pensar que los ricos se identifican más con la insignia nacional que los menos ricos o pobres directamente como es mi caso, y lo cierto es que este razonamiento tiene una lógica aplastante: el pobre o el cuasi pobre no puede identificarse con el país que le tiene postrado en esa situación. Es como ocurre mayoritariamente con el tema de la creencia en dios: los pobres, por mucho que les digan que su reino está reservado en los cielos, no pueden entender que haya un dios tan despiadado con su situación, como no pueden entender que muchos ricos, de los de misa diaria, roben a la ciudadanía en manada mafiosa y se persignen, no pueden entender que haya un dios tan arbitrario y falso. Los sicilianos también son muy creyentes.

Pero volviendo al tema de la condena del franquismo por parte del PP, yo suelo coger el bus continuamente y suelo estar atento a las conversaciones de la gente cuando me interesan. Como tengo que compartir autobús con los ricos, a veces oigo conversaciones que a algunos les puede llevar las manos a la cabeza: un día escuché la conversación entre dos ancianos sobre el conflicto catalán: “En otros tiempos mandaríamos a los requetés y solucionado el tema”, “es necesario un gobierno con mano dura”, se decían el uno al otro. El día de la manifestación españolista en Colón (y blanca en Cibeles), el barrio colindante al mío era todo sangre y fuego, que son los colores nacionales, también de Catalunya. Cuando me metí en el autobús, ¡se oía cada cosa! En la parada de uno de los buses que cojo para ir al centro, se me ocurrió preguntar a uno de los matrimonios rojigualdas que iba a Colón por qué no se movilizaron cuando España estaba siendo saqueada, y enseguida, el macho me espetó: “saqueo, lo que se llevaron los rojos, el oro de Moscú”, “tú que eres de los de Iglesias, comunista”. Yo continué con mi razonamiento: “En Canadá, en el Reino Unido, ha habido referéndum pactado, y salió que no, por qué los españoles no podemos hacer lo mismo”; el macho me espetó: “Esto es España, es otra cosa”. Yo le dije: “antes o después se hará un referéndum en toda regla, con todas las garantías, y saldrá NO”. El macho me respondió: “yo no lo veré”. Al final se despidió de mí con otra de “tú eres de los de Iglesias, comunista”, y yo me despedí diciéndole, “ni soy de Podemos, ni soy comunista, si Vd. supiera la que tengo con un ayuntamiento de Madrid que me está negando todo”. Esto ha desembocado en “conmigo o contra mí”, no hay matices, o blanco o negro.

Pues lo que quiero decir es lo que muchos debiéramos saber ya: la extrema derecha en España está integrada plenamente en el PP, y no son cuatro. Todavía hay millones de españoles a los que les es difícil hablar en contra de la dictadura, incluso oír a los demás hacerlo. Todavía hay millones de españoles a los que la figura de Franco les impone, no son cuatro, son millones los españoles a los que les cuesta entender cómo los rojos andan sueltos por las calles o cómo no fusilan a Puigdemont como hicieron con Companys. Todavía hay millones de españoles que no comulgan con el sistema autonómico, menos con el derecho de autodeterminación. Todavía hay millones de españoles que internamente pedían la entrada del ejército en Catalunya. ¿Qué ha fallado para que el sistema democrático no haya logrado cambiar la mentalidad de estos millones de ciudadanos de ideología ultraderechista?

Por eso el PP, que para gobernar necesita de esta ultraderecha, concede la no condena del franquismo, como concede muchos ideales y actitudes que debieran ser liberales y desprenden un tufillo fascista, pues si se monta un partido fascista a gran escala, esos millones votarían a la ultraderecha, como ocurre en media Europa. Y lo curioso del caso es que mucha gente en España piensa que “nuestra patria” está liberada de la influencia de la ultraderecha: falso.

De otro lado, el franquismo dejó posos en los modos y actitudes de muchos españoles, en la idiosincrasia española que ya de por sí históricamente ha sido intolerante, reacia al cambio, a la evolución, y muchos de los que se piensan socialmente progres, evolutivos, modernos, basta que les profundices un poco en sus modos, para demostrar que no lo son tanto.

Este régimen es una dictadura. II: Esta monarquía es inconstitucional

Si tras nuestra anterior reflexión sigue creyendo que esto es una democracia, es posible que crea además que no es inconstitucional. Pero si quiere verificarlo, lea la demostración.
Dice el art. 1.2 CE78: “La soberanía reside en el pueblo español de donde emanan todos los poderes del Estado”. ¡Premio!; en tan breve texto hay dos mentiras. La soberanía reside en cada uno de los ciudadanos, no en el pueblo como afirman los totalitarios para privar al ciudadano de su libertad, que es la de ser soberano. Cada soberano la ejerce en cada nivel: municipal, provincial, autonómico, estatal, internacional; también en la Comunidad de vecinos o en cualquier otra, sea social o política, de la que sea parte. También dentro del matrimonio; felizmente para las mujeres ya su marido no tiene derecho a deshacer el empate.
La segunda mentira es que no todos los poderes del Estado emanan del “pueblo español”. La “soberanía dictatorial del Jefe del Estado” emana del anterior dictador militar, Franco. Él nombró heredero suyo al papá del actual, que poniendo a Dios por testigo le juró que seguiría aplicando sus mismas leyes para atropellar nuestra libertad. Y lo cumplió.
Le hubiéramos perdonado su perjurio y que le hubiera engañado; pero le fueron fieles él y su hijo. No hubo ruptura con el pasado. La actual CE78 nació de la ley aprobada por las Cortes. De no haberse aprobado seguirían en vigor las leyes fascistas en el reino inventado por Franco y con el Rey que él quiso nombrar. ¿Quién dio al dictador la competencia para nombrar reyes? El pueblo español en un referéndum en el que Fraga logró ¡nada menos! que votaran a favor el 95 % de los españoles en 1966. Eso sí son referenda y no los del 01.10.2017.
En España los empleos públicos sólo se logran de dos modos: 1.- tras demostrar “mayor mérito y capacidad” en unas oposiciones públicas a las que se pueden presentar todos los que reúnen los requisitos profesionales exigidos para desempeñar ese puesto de trabajo; 2.- los nombrado por elección de los soberanos, los ciudadanos con derecho a voto, en elecciones democráticas y por ello públicas y periódicas.
No hay oposiciones a Jefe del Estado; lo sabemos todos.
El Jefe del Estado no fue elegido en elecciones democráticas; lo sabemos todos.
A los creyentes les recuerdo la confesión de Adolfo Suárez difundida por Victoria Prego de que rechazó que la votación de la CE78 fuera precedida de una votación sobre si se elegía una República, cuyo Jefe del Estado sería elegido de modo democrático, público y periódico, o una Monarquía, o sea, una dictadora cuyo Jefe del Estado sería elegido de modo democrático y público pero no periódico. No la hizo porque sabía cuál sería el resultado. El pueblo “soberano” ni pudo votar, ni podrá hacerlo ahora. La soberanía para opinar hasta el fin de los siglos la tiene el único verdadero Soberano. Los art. 166 y ss. CE78 lo hacen imposible.
¿Quién nombró al Jefe del Estado? Otro dictador al que sucedió al frente de la dictadura. Las monedas decían FRANCO CAUDILLO DE ESPAÑA POR LA GRACIA DE DIOS. Ningún papa lo discutió. Pero este origen divino por persona interpuesta, el Caudillo que lo fue por la Gracia de Dios no lo cree nadie. Espero que haya quedado claro que esto es una dictadura monárquica, c. q. d., abreviatura que significa “como queríamos demostrar”.

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