Helena

Hoy quiero colgar mi bandera en el balcón de esta columna. Porque los factores más eficaces para activar el patriotismo son el orgullo y la vergüenza, y yo estoy orgullosa de Helena Maleno, la persona que más vidas ha salvado en el Mediterráneo, según el jefe de Salvamento Marítimo de Almería

Hacía mucho tiempo que en España no se hablaba tanto de patrias, de patriotismos. Entre el Tribunal Supremo y el Europeo de Derechos Humanos, entre los presupuestos que no se aprueban y las investiduras que peligran, se diría que no nos cabe una sola bandera más, pero no es cierto.

Hoy quiero colgar mi bandera en el balcón de esta columna. Porque los factores más eficaces para activar el patriotismo son el orgullo y la vergüenza, y yo estoy orgullosa de Helena Maleno, la activista española que se dedica desde hace muchos años a salvar vidas en el Estrecho, alertando a las autoridades de ambas orillas de las pateras en peligro de naufragio. Helena, la persona que más vidas ha salvado en el Mediterráneo, según el jefe de Salvamento Marítimo de Almería, fue denunciada en España nada más y nada menos que por tráfico de personas. La policía española estimó que su labor humanitaria favorecía la entrada de ilegales en nuestro país, pero la Audiencia Nacional archivó el caso. Entonces, omitiendo el dato del archivo de la causa, la Unidad de Redes de Inmigración Ilegal de la Policía Nacional transmitió su expediente a la justicia marroquí, que se dispone a juzgarla y podría llegar a sentenciarla a penas de cárcel que van de seis meses a cadena perpetua.

Vergüenza

España no se rompe solo por Cataluña. Se rompe a diario en el espíritu de cada español

ía comenzar esta columna desarrollando la dialéctica joseantoniana de los puños y las pistolas, pero ya la conocen. Podría reproducir la consigna que transmitió Mola a los golpistas en julio de 1936, pero se consulta fácilmente en Internet. Podría copiar entre comillas uno de los discursos radiados de Queipo de Llano, en el que felicitaba a las mujeres de los rojos porque, cuando los moros las violaran, por fin iban a enterarse de lo que era un hombre de verdad, pero me da vergüenza. Supongo que, si se pararan a pensarlo, a los vecinos de Callosa de Segura, incluso a los magistrados que han fallado a su favor, les daría tanta vergüenza como a mí. Estoy segura de que no lo piensan porque saben que, si lo hicieran, sus conclusiones no les iban a gustar. Pero son esos, y no los de Cristo, ni los de la Iglesia católica, ni los de la fe religiosa, los valores que representa la Cruz de los Caídos que defienden con tanto ardor. Y, sin embargo, ellos no son culpables de su ignorancia. Los presidentes del Gobierno, los ministros de Educación, los intelectuales que durante 40 años han cantado las alabanzas del silencio y el olvido, y han enarbolado la bandera de la equidistancia para afirmar que en España fascistas y demócratas fueron lo mismo, y han reducido nuestro pasado a dos líneas en los libros de texto para enterrar la tradición democrática y antifascista que nos pertenece, son los responsables de la fragilidad congénita de un Estado de derecho que no resiste la simple aplicación de la ley. España no se rompe solo por Cataluña. Se rompe a diario en el espíritu de cada español que se avergüenza de su país, que no se reconoce en él, que siente que vive en territorio enemigo. Y bastante poco nos pasa para lo que nos merecemos.

Publicado en ElPaís.com

Patriotismos

A pesar de la palabrería patriótica con la que suelen adornarse los opinadores de la derecha, su españolismo combatiente pesa menos en su opinión sobre el caso Palau que la solidaridad ideológica y de clase

Al conocerse la sentencia del caso Palau, algunos columnistas y
tertulianos comprometidos con la derecha nacional criticaron las penas
impuestas a los procesados. Les parecían excesivas, desmedidas en
comparación con las que suelen cumplirse por otros delitos. Su postura me
sorprendió durante un instante, el que tardé en recordar el juicio del caso
Gürtel, que las confesiones de Correa están animando tan extraordinariamente.

A pesar de la palabrería patriótica con la que suelen adornarse estos señores,
su españolismo combatiente pesa menos en su opinión que la solidaridad
ideológica y de clase. Da igual que los condenados del Palau robaran para
Convergencia, que ahora se llama PdeCat y sigue siendo el partido de
Puigdemont por más que le hayan cambiado nombre y logotipo.

Sus críticas no son tanto un intento de presionar a los jueces de la Gürtel, como el fruto natural de una larga cultura de impunidad que asocia la corrupción con la creación de riqueza en nuestra democracia. La comprensión de los opinadores de la

patriótica derecha española contrasta dramáticamente, en mi opinión, con la
indolencia de una izquierda catalana que ha resultado ser no menos patriótica,
puesto que las citadas condenas no han modificado en absoluto su posición
frente al dilema de la investidura.

El patriotismo de ERC y la CUP, incluso de los comunes, pesa más en su actitud que la solidaridad ideológica y de clase. Ellos sabrán. Mientras tanto, la derecha, española o catalana, unionista independentista, gana las elecciones y gobierna una y otra vez.

Publicado en CadenaSer.com

 

Corruptores

Los corruptores permanecen en un confortable claroscuro

Hace algún tiempo escribí una columna que se titulaba igual que esta. No recuerdo la fecha con exactitud, aunque estoy segura de que se remonta a la época previa al procés, aquellos tiempos en los que aún no habíamos aprendido a pronunciar esa “o” como una “u”, y los escándalos de una corrupción normalizada, sistemática, lo impregnaban todo como una lluvia ácida. En aquel momento me preguntaba yo por los corruptores, el contrapeso imprescindible en la balanza de los corruptos, los empresarios y financieros cuyo dinero había corrompido a los políticos que acaparaban los titulares y a los intermediarios que fueron los primeros en caer. Hoy, cuando el destino de Puigdemont me aburre tanto como a cualquiera, mientras detecto en mi ánimo una creciente indiferencia hacia el problema catalán, que no soy capaz de evitar por muy perniciosa que me parezca a mí misma, vuelvo a preguntarme por el mismo tema. En el juicio del caso Palau, los condenados desmenuzaron la trama que habían montado a medias con Ferrovial, pero a esa empresa le ha salido gratis. Sus directivos fueron absueltos porque los delitos de tráfico de influencias que les implicaban han prescrito. En el juicio de la rama valenciana de Gürtel, Correa y el Bigotes han confesado que facturaban directamente a los empresarios a quienes señalaba la dirección del PP. Sé que muchos han reconocido los pagos realizados para llegar a un acuerdo con la Fiscalía, pero sigo teniendo la impresión de que, si no han tenido la suerte de que sus delitos prescriban a tiempo, los corruptores permanecen en un confortable claroscuro, lejos de la cruda potencia de los focos. Hace algún tiempo concluí que, así, la corrupción no terminaría nunca. Es lo mismo que sigo pensando ahora.

Publicado en ElPaís.com

‘Juanilla’

En Cádiz es Carnaval todo el año. Hay gente que lo entiende, y gente que no

Era la noche de San Juan y una luna llena tan bonita que parecía de encargo iluminaba la bahía de Cádiz. En el centro del pueblo de Rota, una figura de cera y trapo, hecha a mi imagen y semejanza, esperaba a las llamas sobre un promontorio de madera. Yo estaba frente a ella, con una antorcha en la mano y, a mi lado, mi amigo Felipe Benítez Reyes sostenía su propia antorcha, su muñeco junto al mío. Tras distinguirnos a ambos con el honor de ser los Juanillosde 2017, los organizadores de la noche de San Juan roteña nos invitaron a encender la pira en la que nuestras figuras arderían hasta consumirse. ¡Qué bien has ardido, hija! Hubo besos, abrazos, felicitaciones, mucho cariño y mucho cachondeo en una noche larga y cálida, memorable. No era Carnaval, pero su espíritu animaba una fiesta a la que sus organizadores le habían dado la vuelta porque sí, porque les había dado la gana. Es demasiado trabajo para quemar a alguien que nos cae mal, decidieron hace ya muchos años, vamos a convertirlo en un homenaje y así quemamos mejor a alguien que nos caiga bien… En Cádiz es Carnaval todo el año. Hay gente que lo entiende, y gente que no, pero la comprensión del fenómeno no afecta a su naturaleza. Lo recuerdo ahora ante el estupor del letrista de la chirigota de Chiclana que, después de colocar a un muñeco de Puigdemont en una guillotina de cartón piedra, no comprende el escándalo que se ha liado. No pretendo teorizar sobre el humor, sobre el odio, ni dividir el mundo en dos mitades, argumentando que quienes no viven en un lugar no pueden entender los sentimientos de sus gentes, pero sí puedo contar que el verano pasado a mí me quemaron en un pueblo de Cádiz, y que lo hicieron porque me quieren. Aunque, seguramente, no tanto como les quiero yo a ellos.

Publicado en ElPaís.com

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