El miércoles 22 de noviembre fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional Ratko Mladic, por crímenes contra la Humanidad. En un artículo periodístico se indicaba que: “Cuando hay voluntad política –o cuando puede ser movilizada por las victimas y la sociedad civil–, se puede condenar a los culpables por los crímenes contra la humanidad”.

Todos los que creemos en la Justicia –valor inseparable de cualquier democracia–, nos congratulamos de que esto haya sido así y de que, por fin, uno de los culpables de ese ataque a la humanidad haya recibido su castigo y, sobre todo, que las víctimas y sus descendientes tengan Verdad, Justicia y Reparación. En los campos de Bosnia tumbas floridas, recuerdan con sus nombres a las víctimas de esa masacre. Algo tan evidente como es el rechazo a la impunidad ha conseguido salir adelante y uno de sus responsables ha sido condenado.

Veamos los crímenes por los que ha sido condenado Mladic:

  • El general estaba acusado de crímenes contra la Humanidad (persecución, exterminio, asesinato, deportación y por actos inhumanos) y cuatro de crímenes de guerra (asesinato, terror, ataques ilegales contra la población civil y toma de rehenes).
  • Mladic, conocido como el carnicero de Bosnia es el principal sospechoso por el asesinato de más de 8.000 musulmanes en esta región, en julio de 1995 durante la Guerra de Bosnia.
  • El objetivo era la eliminación de varones bosnios musulmanes, aunque el asesinato también incluyó a mujeres, menores de edad y ancianos.
  • También estaba acusado por el asesinato de 144 personas en Biljani, por detener a más de 200 personas en la localidad de Foca y a otras 140 en Susica.
  • Sembró el terror en Sarajevo. El carnicero de Bosnia también está procesado por asesinato y por sembrar el miedo con las fuerzas militares bajo su mando, mediante el asedio de Sarajevo, que ocurrió entre mayo de 1992 y noviembre de 1995.
  • Además, ordenó el bombardeo del mercado de la capital bosnia –en el que fallecieron 66 personas- mientras intentaban conseguir alimentos.

Leo todo lo anterior y, a pesar de lo terrible que ahí se describe, siento envidia y vergüenza propia por mi país. ¿Alguien puede comparar esos evidentes crímenes con los ocurridos en nuestro país hace alrededor de 80 años?

Esos crímenes, execrables, ocurrieron en un periodo de tres años pero, en nuestro país, crímenes mucho mayores se desarrollaron desde el comienzo de la guerra civil, hasta pasado muchos años después. La lista de crímenes por los que se ha condenado a Mladic son menos de una décima parte de los cometidos por los sicarios del franquismo: Los ataques a la población civil en las ciudades, los bombardeos de cadenas de civiles huyendo por una carretera… Y también nosotros tenemos a nuestro carnicero propio en la ciudad de Málaga: era la siembra del terror en las poblaciones conquistadas.

Desde el inicio se procedió a una limpieza de las poblaciones por las que iba pasando el ejercito golpista, con directrices claras de “tierra quemada” y de no dejar en la retaguardia elementos no afectos, ya fueran personas destacadas en ayuntamientos, colegios, sindicatos o simples militantes de partidos y sus familiares. Era una destrucción sistemática, organizada y programada, no fue algo espontaneo. Y fueron muchos miles, no cientos, como en Bosnia.

Las fosas fueron plagando el suelo por las que pasaba el ejercito victorioso, tanto es así que las 8.000 victimas de Mladic, que tanto nos aterran ahora, parece un juego de niños, comparadas con las más de 113.000 de las que estamos hablando aquí.

En España no hay campos cubiertos de cruces y flores, con nombres para el recuerdo de sus familiares, como en Bosnia, no hay fotos de personas llorando ante esas tumbas. En España hay cadáveres enterrados, sin nombres, sin cruces, sin flores, sin el recuerdo de unos descendientes cada vez más mayores y que van perdiendo, poco a poco, la esperanza de tomar entre sus manos un trozo de la tierra que les cubre y masticarla en sus bocas desdentadas.

Y después de la guerra, los crímenes continuaron por muchos años. Nuestro país era una inmensa cárcel, de donde salían, noche tras noche, cadenas de presos y presas a las tapias del cementerio más próximo… y allí quedaron para siempre, en fosas que en muchos casos aún no han sido abiertas.

Era una eliminación sistemática. Era la eliminación de los restos del enemigo y de sus familiares, era segar una hierba malsana para que no volviera a crecer. Era algo nada espontaneo, era programado, con números y fechas, con nombres propios que para los asesinos nada significaban. Fue un auténtico crimen contra la humanidad.

¿Qué tendría que decir de todo esto un Penal Internacional, como el que ha juzgado a Mladic?

El Grupo de Trabajo de Desapariciones de Naciones Unidas ya lo ha dicho, ya ha instado al Gobierno español a que tome las medidas necesarias para la búsqueda de la Verdad, Justicia y Reparación en nuestro país. Nuestro Gobierno hace oídos sordos, a pesar del plazo de tres meses que ese Grupo de Trabajo le ha dado en su último informe. Dicen no querer abrir heridas, las que nunca se cerraron y por lo que nuestro país no puede enfrentarse a un futuro, porque no se ha reconciliado aún con su pasado.

La primera tarea que se impuso el presidente Johnson, una vez acabada la guerra civil estadounidense, fue la de buscar la reconciliación, aunar esfuerzos para construir la patria de todos. Nuestros generales, lo que se impusieron, fue la destrucción total de toda brizna de disidencia. Y eso, aún lo estamos sufriendo.

Se escudan en la Ley de Amnistía del año 1977, ley que se dirigía a todos los casos de enjuiciamientos y condenas durante los años de la dictadura, pero no a hechos acaecidos durante la misma y la guerra civil y que, por todos los organismos internacionales ratificado, nunca puede eliminar los crímenes de lesa humanidad, como fueron los cometidos durante esos años.

Y es que, como decía al principio: “Cuando hay voluntad política… pueden hacerse muchas cosas”. Pero… ¿Qué ocurre cuando no la hay?

Publicado en InfoLibre.es

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Ángel Viviente Core es coordinador general de Convocatoria Cívica y promotor de Actúa

 

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