Dado que vivo en Galicia, con frecuencia me veo inmerso en el uso del idioma gallego y del castellano. Aquí se utilizan indistintamente. En mis estudios de Filología nos enseñaron un concepto llamado Aktionsart, del alemán, que se refiere al llamado “modo significativo de la acción”, lo que en roman paladino viene a ser el tono en el que se utiliza el lenguaje.

Durante los años que fui profesor de idiomas en Secundaria, empezando con 27 años, di clase a alumnos entre los 15 y los 18 años. Siempre les traté de usted. Para mi era importante tratarles con respeto y con distancia social, lo que no significa desde mi punto de vista un desprecio, para mi era una forma de hacerles sentir dignos ciudadanos ante los que yo estaba a su servicio. Al final, lo verdaderamente importante en nuestra comunicación mutua, era el tono.

Por ello, aunque aquí lo popular era el gallego y lo académico era el castellano, yo nunca me he sentido ofendido cuando alguien se dirige a mi en un idioma ó en otro, mientras el tono sea cordial.

En el momento actual, con todo el revuelo de nacionalismos que ha estado sobre la mesa, de un lado y de otro, con el tema catalán y todo su ruido mediático, a mi me gustaría que se bajase el tono un poco, que no se utilice la enriquecedora diversidad como arma arrojadiza, sino todo lo contrario, que nos sirva para crecer como sociedad y para aprender unos de otros.

Al final del trayecto, creo que lo importante no es si algunos defienden un tipo de nacionalismo y otros defienden otro, creo que lo importante es el modo en que los interlocutores se traten mutuamente, bajar el tono y colaborar.

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