Si no me equivoco, el segundo mandamiento prohíbe usar el nombre de Dios en vano, y quien lo incumple, peca de blasfemia. Por eso, la actuación de Ferrrusola incumple todas las leyes, civiles y religiosas, pero al provenir de una persona de orden, se ve que no ofende a los suyos

A lo mejor me adelanto a los acontecimientos, pero me sorprende que nadie haya pedido hasta ahora que se procese a Marta Ferrusola por ofender los sentimientos religiosos de los católicos españoles.

Ya sé que ella profesa fervientemente esa fe, pero yo diría que su condición representa un agravante para sus correligionarios, que aparte de sentirse tan indignados por sus delitos como el resto de la ciudadanía, deberían haber acusado como un insulto la vergonzosa ligereza con la que, quien se definía a sí misma como madre superiora de la congregación, utilizó términos y conceptos propios de su religión para delinquir.

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