La primera jornada de la moción de censura me encontró en Bolivia, viajando desde La Paz hasta Santa Cruz de la Sierra. No tenía wifi, pero tenía un libro, uno muy gordo, que escogí a sabiendas de que no me daría tiempo a terminarlo en mi largo viaje. Lo demás fue casualidad. Benito Pérez Galdós escribió cuarenta y seis Episodios Nacionales. Podría haber releído cualquiera de ellos, pero mientras Irene Montero se enzarzaba con Rajoy en el Congreso, avanzaba por el titulado, precisamente, España trágica. En 1909, para narrar la situación de interinidad en la que se hallaba nuestro país después del derrocamiento de Isabel II, mientras cada partido político apoyaba a su propio aspirante a la Corona, Galdós escribió esto:

Los federales de aquel tiempo, como todo partido español avanzado, padecían ya el mal de miopía, o sea el ver de cerca mejor que de lejos. Jamás apoyaban a sus afines; en estos veían el enemigo próximo, y cerraban contra él, descuidados del enemigo lejano, que era en verdad el más temible…” Ahora, mientras asistimos a la previsible ceremonia de autocomplacencia suscitada por el cuarenta aniversario de las primeras elecciones de nuestra democracia, como si nunca antes hubiera habido elecciones en este país, como si el actual estado de nuestras instituciones fuera digno de celebración, me permito recordar lo que pasaba en España en 1870. Exactamente lo mismo que pasa hoy, lo que me temo que seguirá pasando mañana. Galdós no se equivocó. Ojalá me equivoque yo.

Publicado en CadenaSer.com

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